Tras el éxito del Blush Draping, la técnica que permite conseguir un efecto lifting tan solo marcando los ángulos faciales de nuestro rostro con color, se impuso el White Blush, una tendencia que pretende iluminar y dar brillo a los pómulos para hacerlos parecer más grandes.
Es ahora una tendencia, vista en pasarelas, que promete destacar en las calles en los próximos meses. Se trata del efecto “mejillas de esquiadora”. ¿En qué consiste? Como su nombre lo indica, en conseguir este rubor natural ligado a la exposición al sol en la montaña.

Confirmado para las pasarelas que vendrán, esta tendencia que aboga por un uso más extendido del colorete es un must.
El secreto reside en conseguir naturalidad y equilibrio de color. Nada de maquillar ojos y labios en exceso, el rubor cobra protagonismo propio.
“Si tienes dudas con el tono adecuado, piensa en los colores cambiantes de las hojas antes que en los de las flores o las frutas frescas”, sugieren los profesionales.
Marcan a la vez que, no se trata solo del tono adecuado, también con dónde se aplica, que es sobre las mejillas y sobre el puente de la nariz. Lo ideal es trabajarlo en espiral en las mejillas, de forma ligera al principio, y aumentar la intensidad sobre la nariz, que recibe siempre más rayos de sol. Aunque para calcar el efecto real, deberás poner una mínima cantidad también en la frente junto al nacimiento del pelo, y sobre la barbilla.

Lo mejor es optar por coloretes en crema y en gel, que son mucho más fáciles de difuminar en la piel y ofrecen un resultado más natural. Después, se debe redondear el look aplicando unos toques de brillo en las partes altas del rostro, como el hueso de la ceja, el arco de Cupido, la parte alta de los pómulos y un poco en el puente de la nariz.
Al mismo tiempo, para conseguir un resultado más ‘transparente’, que parezca salir del interior, se puede aplicar el colorete bajo la base de maquillaje, siguiendo la técnica ‘underpaint’.
Fuente: El Español

