Una buena idea para cambiar el aspecto de la casa es cambiar tapizados. Una tarea que si bien no es sencilla se puede hacer sin acudir a especialistas y ahorrar varios pesos. Es cuestión de tiempo y voluntad.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que si se decide por esta opción es corroborar que el armazón del mueble esté en buen estado o si se trata de una pieza antigua que esté restaurada.
En estos casos se debe calcular que para que el trabajo valga la pena, el costo del retapizado no debería superar el 40 por ciento del precio del mueble, de otro modo no vale la pena.
Por otro lado, hay algunos casos en que el retapizado de piezas antiguas puede llegar a resultar más caro que el propio mueble. Esto depende de la pieza y del género.
Si el sillón tiene partes de madera a la vista, es una buena oportunidad para que un lustrador mejore el lustre o la pátina antes del retapizado.
En caso de tratarse de una pieza antigua, que requiere un tapizado clásico, es recomendable acudir a un tapicero con experiencia en trabajos artesanales que sea capaz de revalorizar el mueble. A su vez, es muy importante mandar estos sillones a la cámara fumigadora antes de comenzar el trabajo; ya que los muebles antiguos suelen estar infectados y contagian al resto de los muebles de la casa.
La tela
En términos generales, un sillón de dos plazas necesita entre 10 y 12 metros de tela, mientras que uno de tres plazas demandará entre 14 y 16 metros. Para una butaca se requieren 2 ó 3 metros de tela, y en el caso de una silla harán falta unos 80 centímetros si se retapiza solamente el asiento, y alrededor de 1 ó 2 metros si también se tapiza el respaldo.
Más allá de estas previsiones, hay que tener en cuenta el tipo de género que se va a elegir para tapizar. El cálculo se debe ajustar según el estiramiento del género elegido o si son estampados o con motivos.
Si la idea es que el tapizado dure la elección de las telas es fundamental. La clave es que sean resistentes y compactas. En cambio deben descartarse si al tensarlas se deforman o si se produce una apertura de la trama de hilos.
Hay una amplia gama de géneros prácticos, durables y fáciles de mantener, como por ejemplo los chenilles, otomanes o panamás. Se trata de tejidos con texturas fuertes y más sufridos que los lisos, como sedas o satenes, que absorben las manchas rápidamente y dejan aureolas visibles. También existen telas con tratamiento antimanchas, ideales para las casas donde hay chicos, y géneros de fibras naturales, como el algodón. En el caso del lino para tapicería, es un género muy recomendable, aunque también hay que tener en cuenta que en estado puro resulta muy caro.
En cuanto a los acabados, pueden emplearse tachas, galones, cordones dobles o ribetes sin que el precio aumente demasiado.
