Las bajas temperaturas de julio invitan a saborear una taza de chocolate caliente acompañada de la repostería centroeuropea.

Durante las vacaciones de invierno, se realiza la Fiesta del Chocolate Alpino. Villa General Belgrano se llena del aroma típico a chocolate caliente, inspiración de los inmigrantes de Suiza, Austria, Alemania e Italia. La Villa recibe la alegría de la música y la danza de diversas colectividades y se realiza la tradicional fondué de chocolate.

Una de las tradiciones de la fiesta es la fondué de chocolate. Esta constituye un momento muy esperado por el público cada tarde. Los asistentes reciben unos pinches con frutas frescas que luego pueden sumergir en la paila con chocolate caliente.

Los viernes, sábados y domingos, con entrada libre y gratuita, hay espectáculos para toda la familia. Entre los espectáculos musicales destacan la presentación de producciones folklóricas, latinoamericanas, mexicanas, tango y jazz, a cargo de reconocidos artistas. Por otro lado, todas las academias y grupos de danzas de Villa General Belgrano están presentes, representando a Alemania, España, Italia, Argentina, entre otros. Los más chicos pueden disfrutar también de obras de teatro, magia y otros espectáculos infantiles, preparados especialmente para ellos.

Los festejos se llevan a cabo en el salón municipal, conocido también con el nombre de Salón Alpino. Allí, las maestras chocolateras despliegan los diferentes stands con repostería, dulzuras y chocolates, e invitan a degustar los sabores irresistibles de sus productos artesanales.

Uno de los principales atractivos es la elaboración del chocolate a la vista. En esta fiesta para el gusto se puede probar desde las tradicionales barritas de chocolate, negro o blanco, dulce o amargo, con nueces, almendras, pasas de uva, crocantes y frutados, hasta la tradicional taza de chocolate caliente.

Cómodamente ubicados en mesas, los visitantes disfrutan de un esmerado programa artístico destinado principalmente a los niños. Música, baile y orquestas típicas de los países centroeuropeos dan paso a un carrusel de entretenimientos y juegos para los más pequeños de la familia, en el cual los padres tienen una participación activa, ya que el fin es que todos compartan en familia.