Una mostacilla o un strass y una piedrita de colores, más otras, más otras, más muchas más.
Una tacha, más otra, más otra, más muchas más: pueden hacer la diferencia.

Esto, literal es lo que les pasó a las primas Fernanda Olivares y Yanina Carazo -ambas comparten su segundo apellido, el materno Cricco- que casi como un juego, un escape al agobio de las rutinas, una alternativa para autoestimular la creatividad, empezaron a pegar mostacillas, pedrería y tachas en remeras de algodón para convertir en su negocio. Las primeras 20 -que nobleza obliga decirlo, eran prendas que compraron y a las que sólo les adosaron este detallito-, las vendieron en un día, en la previa de Navidad. Un tiempo demasiado corto para el mes que pasaron preparándolas. Pero a su vez un enorme empujón para animarse a más.

Esas 20 remeras primigenias se multiplicaron en otras tantas y, para sorpresa de las mismas hacedoras, en un pedido desde Buenos Aires, que requería ya no de una veintena sino de 60. Ese número las llenó de miedos, de preguntas pero a su vez confirmó la certeza de que estaban haciéndolo bien, inclusive estaban desafiando las recetas del mercado: ellas sin tener local (recién lo han abierto en marzo de este año), empezaban a vender mayorista y fuera de San Juan.

Claro que si para las primeras prendas tardaron varias semanas en bordar, este pedido les insumió dos meses y medio, lo que las indujo a considerar más en serio el emprendimiento. Las chicas -treintañeras ambas- debieron tomar decisiones: empezaron a diseñar sus propios modelos para asegurar la calidad y a producirlos en diferentes talleres, algunos en San Juan, otros en Buenos Aires. Mantuvieron su temática de los brillos pero también implementaron el bordado con máquinas y un desafío más: el dibujo de los estampados propios de las telas, una exclusividad que añora cualquier emprendimiento textil pero que no todos logran concretar. Ellas, sí.

Hoy por hoy, las distintas localidades -en su mayoría santafesinas, aunque hay a lo largo y ancho del país- son el principal destino de sus productos, entre los que no hay sólo remeras, sino que incorporaron jeans, camperas, pullóveres, vestidos, tops e inclusive mallas. En la actualidad llegan a decenas de puntos en distintas provincias como mayoristas. Inclusive tienen una clienta que viaja desde Paraguay para llevarse su colección de ropa que gana seguidores al por mayor. De hecho, las emprendedoras ya están soñando con exportar, no sólo a países vecinos, sino a otros continentes.

Pero esto no es todo. Hay algunas modelos, influencers y famosas que lucen orgullosas la marca África. Por ejemplo, la periodista deportiva y conductora de tele, Agustina Casanova, es una de sus fans, entre otras tantas. Hace unas semanas estuvo en la provincia para hacer un programa especial por Argoliva para Telefe -aparte es una de las figuras del noticiero de ese canal y el otro medio donde trabaja es ESPN- y vino con la valija prácticamente vacía porque eligió mostrarse frente a cámaras con ropa hecha en San Juan, en su totalidad África.

Por supuesto que todo estos pasos, sumado a sus ganas de seguir creciendo demuestra que "desde San Juan se puede hacer todo lo que uno sueñe, inclusive se puede llegar muy lejos y en poco tiempo, como nos ha pasado a nosotras. Jamás nos imaginamos un crecimiento exponencial y tan acelerado", autodefinen la historia que comenzó en diciembre del 2018 y que a esta altura ha superado todos los límites previstos para quien se anima a emprender.

Crecer multiplicado

Las multiplicaciones parecen ser la constante de esta historia de estas dos primas hermanas que más que parientes, son amigas del alma y socias. Ellas vivieron juntas en Córdoba en su etapa de estudiantes universitarias, aunque cada una tenía marcado el camino de antemano: Fernanda siguió su vocación por el diseño de Indumentaria, se recibió en el instituto de Roberto Piazza y pronto tuvo, en la provincia, su propio local de venta de ropa (el que luego vendió), e inclusive diseñó ropa bajo la marca Juana de la Cruz y sus propios accesorios y bijouterie De los Santos. Mientras que Yanina se abrazó a la Psicología y es la profesión que desplegó hasta que en su vida surgió la inquietud de hacer otra cosa, algo que la reconectara con su costado creativo para poder tomar un respiro de tantas historias de dolor, de pérdida y de maltrato que solía contener a diario.

"Se lo conté mi prima y ella de inmediato me devolvió redoblando la apuesta: ‘¿y si hacemos remeras?’", cuenta Yanina. Esa simple idea encendió un proyecto de 20 remeras a las que les cosieron y pegaron tachas, mostacillas, brillos, otras telas con otras texturas -como panas o cuerinas-, pese a que la psicóloga no tenía ni idea de cómo agarrar ni una aguja. 

Los resultados de esta customización -que es realmente lo que hicieron- fueron prendas muy recargadas pero muy diferentes. Y eso fue y sigue siendo el secreto del éxito. Era diciembre del 2018 y en la previa a la Navidad, las vendieron todas.

"Por supuesto que todo lo hacíamos a mano. No teníamos ni maquinaria ni ayuda. Y en nuestros departamentos teníamos las remeras, las cintas, las tachas, todo. Casi que no entrábamos nosotras. Decidimos que lo que vendíamos lo reinvertíamos y durante todo el primer año no recibimos ni un peso. Así es que cada vez teníamos menos lugar para nosotras y más cajas con insumos y materiales. Luego de las primeras remeras y gracias a que las publicamos en Instagram, apareció la primera venta mayorista que, para cumplir en tiempo y forma, no teníamos ni un día a la semana libre, bordábamos sábados y domingos a toda hora, inclusive terminamos las remeras en el auto cuando llevábamos el paquete de la encomienda", recuerda Fernanda, quien por lógica se puso al poco tiempo al frente de todos los diseños y su socia, se ocupó de los proveedores, de las clientas y los envíos, de armar las encomiendas y las cuestiones administrativas.

Así como fueron creciendo los pedidos, las remeras, dejaron de ser su única prenda fetiche, a pedido de las seguidoras que no se conformaba sólo con tener "algo para arriba bordado o lleno de tachas". Entonces se animaron, en el lapso de un año, a diseñar pantalones y camperas de jeans que llenaron de brillitos, y como hacía frío, a esa altura de la demanda, apareció la alternativa de bordar remeras mangas largas, pullóveres, ruanas y hasta tapados, con ese sello que empezaba a convertirse en inigualable. Luego han ido agregando vestidos, monos y recién en esta temporada primavera-verano 2022 que acaban de lanzar, tienen sus propias bikinis y bolsos de tela.

A la par, fueron adquiriendo máquinas de coser, bordadoras y hasta un láser para desgastar y grabar las telas, inclusive sumaron más manos porque necesitaban expertas para hacer la moldería, confeccionar prendas y aplicar todos los detalles que caracterizan a África, el nombre que adoptaron desde el primer momento en que nació el emprendimiento (ver Un continente de inspiración).

Trabajo en equipo.A las emprendedoras se suma Elisa Núñez que es quien hace los dibujos de las telas y apliques que bordan, además de un grupo de costureras y bordadoras. Una de las obras de la dibujante y licenciada en Comunicación, son estos pájaros pintados con acuarelas.

"Nosotras hacemos las prendas que nos gustan, tenemos nuestro propio estilo, con prendas clásicas pero con mucho detalle y mucha onda. Esta es la segunda colección en la que nos damos el gusto de que una dibujante, como Elisa Núñez, nos delinee con sus trazos las estampas de la tela. Por eso es un aliciente que cada vez sean más las chicas de todas las edades y todos los cuerpos que nos eligen porque hay talles para todas. África, sin lugar a dudas tiene su identidad", dicen con orgullo, las chicas que ya tienen entre 43 y 50 puntos de venta en el país, en 15 provincias. Cada negocio tiene su contrato de exclusividad en la zona.

"Aunque nuestras prendas no tienen un precio muy económico porque hay muchas manos que intervienen en cada producto hasta terminarlo, diría que pasa por entre 4 y 5 personas cada remera o cada jean, también hay un costo importante de material que en muchos casos es importado. Pero lo mejor es que ya tenemos clientas que nos siguen y quieren su prenda África. Inclusive hay una chica que viaja desde Paraguay a Formosa a ver a su familia y se lleva la colección de ropa. Eso nos incentivó a empezar los trámites para vender en el exterior. Tenemos pedidos de Panamá y de Cádiz en España. Es parte de este sueño", confiesa el dúo que de a poco fue concretando sueños, como ver a las figuras de la tele lucir lo que ellas hacen con sus manos, entre otras Rocío Guirao Díaz, Barby Simons y Agustina Casanova, aparte de algunas instagramers del momento.

O poder dar trabajo a mujeres que por la edad y la pandemia habían quedado fuera del mercado laboral. "Tienen toda la experiencia e inclusive hacen aportes super valiosos. Lo mejor es que ellas le ponen precio a su trabajo y eso genera más pasión aún en lo que hacen", dice Yanina, quien por su profesión de base ha tenido mucho contacto con mujeres vulnerables y por eso añora seguir apoyando a sus pares. "Tenemos un proyecto pendiente, pero que vamos a trabajar para concretarlo y es el de darle trabajo para ayudar a mujeres que dependen económicamente de su parejas, para que tengan su propio ingreso. Es más, nos encantaría tener un espacio con una sala para niños, en el taller donde puedan ir con sus hijos pequeños. Así ellas aprenden una labor y trabajan, y los niños, conviven en el lugar", revela en voz alta, el deseo, para que se cumpla pronto.

Un continente de inspiración

Miles y miles de kilómetros separan a los sanjuaninos del continente africano. Sin embargo, las chicas acortaron las distancias y no solo trajeron parte de las características geográficas de los más de 50 países, en donde vive el 15 por ciento de la población, a sus diseños. Sino que además se inspiraron en ellos, especialmente en las comunidades femeninas. De ahí el nombre de la marca.

"África tiene como imagen el ojo de una tigresa que bien puede ser una mujer muy femenina porque cuando indagábamos sobre las razones de la identidad, llegamos a la conclusión que se inspiraban e identificaban con la actitud de las mujeres africanas, con su fuerza para vivir en zonas tan desprotegidas, tan adversas y con tan pocas condiciones sanitarias y económicas, sin embargo salen adelante, sonríen, se arriesgan, disfrutan de los colores, son transgresoras. Ese modo de encarar la vida y la maravillosa naturaleza que las rodea es lo que nos generó un estilo de ropa para mujeres que sin mostrar de más, tienen una impronta que mostrar y se lucen con orgullo", define Elisa Núñez, la tercer pata de esta historia, la creativa que se ocupa de los dibujos de las telas, los que muchas veces logra con acuarelas y lápices de colores, siempre con la mirada aprobatoria no sólo de las dueñas del emprendimiento, sino también de su hija Julia, que es quien opina sobre sus diseños. 

Por eso, las prendas están hechas con telas en las que hay mucho colorido, muchos pájaros, tigres, flores y fauna selvática.

La marca tiene otro plus, sus etiquetas son en papel plantable, para hacer un aporte al ambiente y no generar más contaminación.

En el 2021, África recibió una mención de honor en el Premio al Joven Empresario Sanjuanino, en la categoría Promoción al Oficio, destacándose por una habilidad manual y que fortalezca la puesta en valor de una actividad artesanal en tiempos de transformación tecnológica, entregado por la Federación Económica de San Juan.

 

Agustina Casanova, periodista de Telefe y ESPN, es una de las famosas que elige la marca. De hecho, vino a grabar un programa especial de Argoliva y les pidió que le proveyesen el vestuario.

 

 

Por Paulina Rotman
Fotos: Daniel Arias y colaboración África Desing