Si bien Inés es sanjuanina de nacimiento, su infancia transcurrió en la provincia de La Rioja, de donde eran oriundos sus padres. Ella contó a Revista Oh!, "Tejer al telar o en bastidor es apasionante porque lo aprendí cuando tenía tan sólo 4 años". A esa corta edad su abuela le enseñaba a hilar lana de oveja y a los 8 años comenzó a tejer al telar. "Puedo afirmar que es una tradición familiar porque viene de mi abuela, mi mamá, yo y mis nietas. Además no sólo aprendí a hilar y tejer al telar sino también a teñir lanas tanto naturalmente (mediante árboles y arbustos) como con anilinas". Recuerda en su relato que cuando empezó siendo pequeña, el telar era como el de "Doña Paula", clavado en la tierra, pero hoy se modernizó y ese armazón lo hace un carpintero. "Soy una agradecida de mi familia y de mi infancia ya que me permitió realizar con gusto este arte". Se declara muy detallista a la hora de tener un bastidor o telar en sus manos, la selección de las lanas, colores y diseño deben ser de agrado. "Algunas de las claves para obtener un lindo tapiz, frazada, morral, etc., es tener un buen vellón de lana. El animal tiene que estar bien esquilado y conservar la forma para que se pueda trabajar en el escarmenado. Esta es la primera tarea una vez que tenemos el vellón del animal. Esto consiste en estirar con las manos el vellón hasta obtener una tira gruesa, que luego servirá para el hilado con el huso. Se trata de habilidad y experiencia", explica ella.
"Además yo fabrico mis utensilios de trabajo a la vieja usanza, tanto el huso como el ovillador son de caña y chica (árbol autóctono de la provincia) y tienen más de 60 años".
Verla hilar y ovillar es como quien está frente a un gran pianista escuchando una obra musical, ya que no falla ninguno de sus finos dedos hasta convertir un vellón en un hilo para tejer.
Los colores de las lanas llaman la atención a la hora de entrar al taller de trabajo: son de colores vivos y naturales del animal, logrando unos degrade que parecieran pertenecer al mundo fashionista de la moda actual. El diseño también marca un avance en la historia familiar, conjuga los motivos típicos con los más actuales y buscados por el mercado en estilo rústico.
De hecho, cuenta la artesana, "cada uno elige su diseño y los colores, los trabajos son por encargue y tardo unos 10 días. Los precios varían desde prendas más pequeñas alrededor de los $250 hasta una frazada que cuesta alrededor de los $4.000".
"Este arte me llevó a transitar por varias ferias de artesanos realizadas tanto en la provincia como fuera de ella. Participé de varios concursos desde el año 1999, la Feria de las Artesanías de Córdoba, en la Rural de Palermo, y todas las que se llevan acabo en San Juan. La Bandera argentina se enarboló en la Feria de las Artesanías que se realizó en Buenos Aires en el 2013. Luego la doné a la Municipalidad de Rivadavia, localidad a la que pertenezco. Por ello estoy muy agradecida con la Secretaría de Cultura y el Gobernador José Luis Gioja, ya que posibilitaron dar a conocer mis habilidades y poder contagiar a la gente de las costumbres sanjuaninas que son maravillosas".
Entre algunos de los trabajos que realiza Inés hay tejidos al telar y en bastidor como frazadas, pie de cama, morrales, caminos de mesa, alfombras, tapices, peleros, etc. También realiza vitrofusión, pinturas con diferentes técnicas, corte y confección y artesanías dulces aprovechando las frutas de estación.
Entre otras de sus virtudes es que Inés no se guarda nada y por ello dicta cursos de telar en su taller, ubicado en la calle Justo Pacheco 5727 del Barrio Camus. Su contacto: 155122432 y 4-331507.

