Sin temor a exagerar, por estos días las actividades, celebraciones, espectáculos y eventos de toda índole se multiplican a lo largo y ancho del país, para celebrar los 200 años de la Declaración de la Independencia Argentina. Habrá para todos los gustos, para elegir y para rememorar por años.

De hecho, las vísperas de este 9 de julio, llegaron con un hecho por demás significativo para la comunidad judía argentina, incluida la de San Juan, por supuesto. Hasta se podría decir con un momento inédito. Es que por primera vez en la historia de la Sociedad Israelita local (que en noviembre próximo celebrará sus 100 años) fue visitada por un sofer, palabra hebrea con la que se designa al escriba, un rol más que importante para la vida religiosa porque es quien desde la antigüedad hasta estos días se ocupa de copiar los textos sagrados. Y como su nombre lo indica vino con un claro objetivo: hacer partícipes a los sanjuaninos, de puño y letra, de una Torá (tal como se le llama al máximo libro de las leyes hebreas que se lee en comunidad todos los sábados, en las llamadas Altas Fiestas es decir el Año Nuevo Judío y el Iom Kipur o Día del Perdón o durante momentos significativos de la vida de un judío, como puede ser su Bar o Bat Mitzvá, ceremonia que conmemora que un varón de 13 años o una chica de 12 es considerara adulta y pasa por primera vez a leerla); que será uno de los regalos más federales que se ofrendará en Tucumán en los festejos por el Bicentenario.

La iniciativa se gestó entre los miembros de la sinagoga de Tucumán con el rabino Salomón Nussbaum a la cabeza. La idea era trabajar en uno de los símbolos más preciados para los miembros de la comunidad. Entonces surgió la intención de que, Bicentenario de la Independencia de por medio, no sólo los tucumanos tuvieran protagonismo, sino que existiera la posibilidad de llegar a distintos puntos del país para compartir uno de los sentimientos más profundos y de fe. Claro que solos no podían entonces pidieron ayuda al gobierno de esa provincia y a los integrantes de la Federación de Comunidades del Judaísmo Conservador (uno de los movimientos religiosos que congrega a las familias que toman sus cuestiones de fe y tradiciones de un modo más abierto ya que no son ni ortodoxos ni reformistas). De la mano de estos últimos, se sumó una pieza clave: Sebastián Grimberg, un hombre de 40 años, papá de 3 pequeños, esposo de Johana, que ha dedicado buena parte de su vida a los estudios de la fe mosaica, tanto desde Argentina como en Israel. A tal punto, que es el primer y único escriba del Movimiento Conservador del país e inclusive de toda América Latina y Central. Para eso tuvo que leer, investigar, memorizar al pie de la letra las 4.000 leyes que indican cómo se debe escribir una Torá no sólo en sus aspectos caligráficos e históricos, sino respecto de todo el ritual que rodea a esta labor. Es que para que un texto de tal carácter sea válido, cada letra tiene que estar en su lugar, no puede faltar ninguna porque todas son significativas para dar sentido a las palabras pero no puede tocarse entre sí, sino que debe haber un espacio entre letra y letra. Claro que se puede equivocar y corregir, salvo la palabra Dios -que en hebreo, el idioma que se utiliza para la liturgia, puede aparecer como Adonai, El, entre otros- que no se puede borrar, ni remendar. Cuando esto sucede, hay que enterrar ese pergamino y empezar esa porción de texto de nuevo. Es tan sagrado el hecho de escribir la Torá que es uno de los 613 preceptos que debe cumplir toda persona judía. según las leyes religiosas.

‘Nos hemos embarcado en una tarea casi maratónica. Los rollos de cuero de vaca en que se escribe ya viajaron a Resistencia, hicieron un alto en Corrientes, de allí fueron llevados a Posadas. El itinerario siguió hasta Ushuaia, inclusive donde nos recibieron 15 familias. Hace exactamente una semana, pasaron por San Juan y Mendoza, para desde allí volver a Tucumán. En cada punto se van sumando personas, familias completas, grupos de amigos que apoyando simbólicamente las manos en los hombros o en el brazo del escriba, cumplen con uno de los preceptos judaicos de escribir y transmitir la ley. Aún nos queda visitar Salta, algunos barrios de Buenos Aires, Santa Fe, Paraná, entre otros lugares. Es un honor y una emoción muy grande dejar un legado en un momento tan significativo del país”, cuenta el rabino de la ciudad tucumana.

Hace poco menos de un año dieron los primeros pasos sellando las primeras palabras, de las exactas 304.805 que contiene una Torá. Esperan concluírlo en dos meses más, teniendo como marco el paisaje de la celebrada Casa de Tucumán. Allí se escribirán las últimas palabras y una vez seca la tinta, todos los rollos se coserán tal como lo indica la tradición y serán trasladados en una caminata multitudinaria solemne pero feliz -tal como lo programan los organizadores- por las seis cuadras que separan este Monumento Histórico Nacional hasta el corazón de la sinagoga. Allí este legado judaico pero con hecho por manos argentinas de todas sus latitudes pasará a conformar el Patrimonio Nacional.