Con una población de 220 mil habitantes, la apertura de 3500 km de caminos habilitados y una red ferroviaria todavía pequeña de unos 570 km, el crecimiento de la provincia San Juan se veía favorecido y no parecía detenerse. Las zonas de Desamparados y Villa Krause mostraban un gran impulso, abrazando a la Ciudad con optimismo, junto con las áreas de Concepción, Trinidad y Santa Lucía, que se incorporaron al ejido capitalino al producirse el ensanche de la Ciudad, en 1942. Era admirable la estética que recordaba a pequeños pueblos europeos por los estilos arquitectónicos elegidos para la construcción de majestuosos edificios como los de Casa España, Club Social, Grand Hotel, City Hotel, Palacio Municipal, Cine Teatro Estornell, Clínica San Juan, Hospital Rawson y edificio Del Bono, todos alrededor de la Plaza 25 de Mayo. A ellos, se sumaban verdaderas joyas, como la iglesia Catedral, la Casa de Gobierno, el teatro Cervantes y numerosas casas particulares. Paralelamente, la mayor cantidad de construcciones eran viejas casonas de caña y adobe; soleados patios perfumados de glicinas y jazmines, con sus bajas y amplias ventanas de pesadas rejas. Las calles angostas, pavimentadas desde 1936, se acompañaban también con el mejoramiento de los paseos públicos, en primer lugar la Plaza 25 de Mayo; la vieja calle Ancha del Este, que pasó a denominarse Avenida Libertador General San Martín, y la incipiente instalación de teléfonos automáticos, en 1942, que imprimieron un ritmo impresionante al progreso del Valle de Tulum. El siglo XX acababa de cumplir 44 años durante los cuales la Ciudad creció como nunca. San Juan se ubicaba, en esos momentos, entre las provincias argentinas de mejor situación económica por el progreso industrial, centrado en una acelerada producción vitivinícola y agrícola y el incremento que comenzaba a tener la minería. Destacaban también pequeñas y florecientes industrias caseras de preparación de frutas secas y elaboración de vinos, mientras el desarrollo comercial se destacaba por encima de las provincias vecinas, con un índice de ventas muy alentador. La provincia contaba con grandes establecimientos vitivinícolas, secaderos de frutas, fábricas para preparar conservas y elaboración de aceite, cerveza y hasta perfumes,

rubro que, en no pocos casos, ubicaba sus productos en el resto del país y el exterior.

A su vez, destacaba notablemente la vida social y cultural. Funcionaban ya dos emisoras de radio, LV5 Radio Los Andes y LV1 Radio Colón, nacidas en 1923 y 1924 respectivamente y oficializadas en 1925 y 1930; 78 periódicos y revistas, diarios, publicaciones quincenales o mensuales que, con irregular permanencia, mostraban el mejor nivel literario de entonces. Varias instituciones cultivaban un movimiento tan incesante, que llamaba la atención de quienes nos visitaban. Entre ellas Amigos de San Juan, Asociación Maestros Sarmiento, Círculo de Periodistas, Sociedad Cultural y Biblioteca Franklin, Rotary Club, Asociación de Maestros Católicos, exalumnos de la escuela Sarmiento y las sociedades creadas por los inmigrantes, como la Española, Italiana y Libanesa. En 1938 nace la Junta Provincial de Historia, integrada por Carmen Peñaloza de Varese, Agustín Gnecco y César H. Guerrero, entre otros, que luego del terremoto dejó de existir y resucitó en 2004, de la mano de Margarita Ferrá de Bartol. A estas actividades, con gran participación popular, se sumaban más de diez salas de espectáculos que los sanjuaninos podían disfrutar semanalmente con los estrenos cinematográficos nacionales e internacionales, junto a importantes números de teatro y revista de Buenos Aires, como el debut de Hugo del Carril, en 1943, las actuaciones de las hermanas Legrand, Berta Singerman y Pepe Iglesias ("El Zorro"), las presentaciones de "La Tropilla de Huachi Pampa", dirigida por Buenaventura Luna, y el debut de "Los Trovadores de Cuyo" en 1935, acompañados por Zunilda Araya, "La calandria chilena", la llegada de artistas extranjeros de la talla de los españoles Lola Flores y Pedrito Rico, el mejicano Pérez Hernández y su compañía, entre otros famosos.

El Carnaval y otras tradiciones eran esperados cada año con la participación activa del pueblo y gobierno. Eran noches de bailes preparadas por la Asociación "Gente de Radio", conservando así costumbres ancestrales, propias de naciones adultas. Hasta hubo dos actuaciones de Carlos Gardel, en 1933, una de ellas frente a DIARIO DE CUYO, donde abría sus puertas La Morisca.

Era aquel San Juan que, junto a las 10 mil almas perdidas, quedó sepultado bajo los escombros del cálido enero de 1944. El vacío cultural que dejó la tragedia fue irreparable, porque mientras la Ciudad se reconstruyó lentamente (el Centro Cívico en el año 2009 fue el último gran eslabón), el movimiento de entonces no logró recuperarse. Volver a aquella armonía ilustrada, es un reto que estamos logrando todos juntos en los últimos años.