Cuando comienza cada jornada, la Peatonal sanjuanina cobra vida. De a poco se suman personas que apuran los pasos para llegar a sus trabajos, los empleados de comercio limpian veredas y vidrieras de sus negocios. Algunos hombres de sobretodo con carpetas se acomodan delante de mesas y piden su primer café del día. En medio de estos preparativos, Armando Gómez llega con su guitarra, una silla playera de lona y metal. Se sienta, se acomoda, pone delante de sus pies una pequeña caja negra de madera que tiene una ranura, en el que la gente le deja dinero luego de interpretar sus canciones, en especial de folclore. El hombre de 42 años hace al menos cinco que canta en el paseo. Es ciego de nacimiento, pero esa situación no es impedimento para que despliegue todo su talento y simpatía. Cómo él, otros personajes le toman el pulso cotidiano a la ciudad: Ariel Domínguez (39), Roberto Soria (28) y Claudio Montaño (23). Ellos, igual que Armando, desde hace unos 4 años, todos los días, excepto los domingo, exponen sus artesanías elaboradas de forma manual, en piedras, alpaca, entre otros materiales. El músico y los artesanos son de los personajes más antiguos de la Peatonal.

No importa que el frío del otoño cale los huesos a eso de las 9:30 ó 10 de la mañana. Armando se acomoda en la esquina de Rivadavia y Tucumán, cerca de un árbol para no impedir el paso de la gente. Allí despliega su simpatía. Con algunas ocurrencias o chistes se acomoda. Muchos lo conocen y le brindan un saludo. La potencia afinada de su voz no pasa inadvertida para los transeúntes, como tampoco los acordes de una guitarra gastada por siete años de uso. Se nota en el mástil o diapasón que perdió en algunas partes su pintura.

"Soy amante de la guitarra desde los 12 años. Aprendí a tocar en la Escuela Braille. La mayoría de los temas los saco de oído’ cuenta. Armando dice que le canta a la vida y es feliz de tocar su guitarra. El hombre vive en La Bebida, Rivadavia, es casado y tiene tres hijos de 17, 15 y 7 años.

En una primera etapa estuvo en la Peatonal desde 1998 hasta el año 2001. Luego se fue a trabajar como vendedor en los colectivos para después regresar al paseo. Allí él pone su horario y por lo general lo hace durante todas las mañanas.

Armando explica que el público de todas las edades se detiene para escucharlo cantar y no tanto para dialogar, precisamente para no interrumpir las interpretaciones. Su repertorio es amplio, pero privilegia el folclore y por momentos a la música del recuerdo de "Los Iracundos, Los Alfiles’, entre otros, comenta.

El artista es consciente de que es un personaje urbano, porque la gente lo reconoce por su trabajo de vendedor en los colectivos como el de cantar desde hace años.

Durante la mañana, los sanjuaninos que pasan por la esquina le dejan monedas y hasta algún billete de dos pesos.

Armando cuenta que bautizó a su lugar de trabajo en la Peatonal como "La Esquina Musical de San Juan" "y así es que le llaman", dice. Su participación musical lo llevó a conocer a otros artistas como Saúl Quiroga. En el año 2000 participó de la apertura de la revista cultural el 31 de marzo de 2000 en el Auditorio Juan Victoria, recuerda.

Por último, el mensaje de este artista callejero es "no dejarse vencer por problemas físicos y seguir para adelante. Yo siempre le doy gracias a Dios y al pueblo porque, con las moneditas que me dejan, comemos".