En departamentos como Iglesia y Jáchal conviven tanto actividades de alta tecnología como las industrias mineras, y producciones netamente artesanales como los vinos, dulces, tejidos y comidas típicas de las zonas. De vez en cuando se unen y los artesanos pueden vender sus productos a las empresas de minería y en otras oportunidades son invitados a las ferias mineras para ser reconocidos en el circuito industrial. Sin embargo, los productores artesanales están de acuerdo en algo: ellos pueden ofrecer más cantidad de productos. Por esa razón, piden mayor participación en el plano comercial.
En Iglesia las cooperativas o pequeñas industrias están relacionadas con la producción de vinos pateros, manzanas, higos, peras y nueces. Sin embargo Miguel Espejo, desde la Dirección de Minería del municipio de Iglesia, sostiene que “si bien las mineras han permitido la inserción de los productores regionales, no están del todo satisfechos.
Necesitamos que las grandes empresas inviertan más en nuestro departamento. Las empresas tienen que arrimarse más, apoyarnos más y contribuir de esa forma no sólo con el desarrollo de los productores regionales sino en sí con todo Iglesia”.
Por otro lado, un caso que promete a futuro es el de una cooperativa productora de dulces de Tudcum que ha sido contratada desde Veladero para proveerles postres en el recinto de la empresa. Pero todavía falta, asegura Espejo, ya que no se ve un alza en el nivel de demanda. Es decir, desde la instalación de la mina no creció el consumo de los dulces y postres como lo esperaban tanto el municipio como los pequeños productores.
A su vez, para poder establecer negocios con las firmas mineras, es necesario tener ciertos trámites legales y contables como el monotributo. Requerimientos que la mayoría de las personas que trabajan con productos artesanales no cuentan, por esa razón se les hace casi imposible ingresar al circuito comercial en el que se encuentran las industrias de la minería.
Para intentar solucionar este problema que pasa tanto por las necesidades económicas como por el desconocimiento de los pasos administrativos, la Municipalidad de Iglesia dicta una serie de talleres donde los productores artesanales aprenden a formalizar sus emprendimientos y además, con la ayuda del Consejo Federal de Inversiones, obtienen préstamos para poder aumentar y mejorar su performance.
En Jáchal los productores artesanales tienen un menor contacto con las industrias mineras, la mina Gualcamayo en este caso. Incluso, Marta Sánchez, productora de comidas artesanales jachalleras, afirma que “la mayor cantidad de ventas se produce gracias al turismo. Todavía no han crecido las compras desde las empresas de la minería. Es más, nosotros queremos hacer algunos negocios con ellos, pero no lo conseguimos.
Si bien nos han invitado a las ferias y nos pagan el viaje, viajar con nuestros productos implica un riesgo muy grande ya que si se dañan, no se pueden vender.
Además muchas veces venimos creyendo que vamos a poder vender cierta cantidad y sólo llegamos a la mitad y todo lo que sobra se pierde. Por eso es que nosotros buscamos otro tipo de negocios, porque si no, siempre terminamos generando más gasto de lo que podemos ganar”.
Ambos departamentos tienen conflictos similares en relación a la producción artesanal: el riesgo que implica este tipo de actividad económica y la necesidad de inversiones por parte de las grandes empresas. Los pequeños productores están dispuestos a firmar nuevos pactos comerciales, ellos consideran que con el apoyo suficiente podrán dar mucho más de lo que ahora realizan.

