Mencionar la palabra Malvinas hace que las banderas políticas, religiosas o de cualquier otro tipo de interés sectorial caigan, sólo para enarbolar el pabellón nacional, que cobija a todos los argentinos. Sin dudas que es el anhelo de todos los habitantes de esta nación, que esas tierras usurpadas en 1833 por Gran Bretaña, vuelvan a integrar el territorio de la república. Ese sentimiento patrio, movilizó al sanjuanino Alfredo Balmaceda, para llegar hasta el archipiélago. El hombre de 82 años, que fue acompañado por uno de sus 6 nietos, Gualterio Papparelli, relata en exclusiva para Revista ¡OH! su emoción, junto a la de un puñado de argentinos que llegó hasta el suelo patrio usurpado.
Alfredo es profesor de matemáticas y ex directivo del Banco San Juan en la década de 1960. Hace tiempo que estaba con la idea de llegar hasta las islas Malvinas. "Con la edad que tengo, no quería irme de este mundo sin conocer ese pedazo de territorio patrio, ahora mi sueño está cumplido y sólo espero que vuelvan a ser parte de la Argentina", dice, mientras se conmueve hasta las lágrimas en su relato.
Alfredo y Gualterio emprendieron la travesía en un crucero. Para ello tuvieron que viajar primero a Chile y desde el puerto de Valparaíso embarcarse en el "Star Princess", el 4 de febrero pasado, junto a otros 2.500 pasajeros, de los cuales 206 eran argentinos y el resto de distintas nacionalidades, entre ellos, canadienses, estadounidenses y europeos.
La única idea del docente era llegar a Malvinas. Es que si bien él ya había tenido algunas experiencias de viajes de placer en crucero, este era muy especial, porque no se trataba de un viaje de vacaciones, sino de llegar a esas tierras argentinas con bandera extranjera para conocerlas y rendirle un homenaje a los héroes que lucharon por ellas. El impedimento podía ser uno sólo: el estado del tiempo en los mares del Sur. Por fortuna, el clima estaba en condiciones de que el barco siguiera el viaje hasta Malvinas.
La llegada fue el 11 de febrero. El divisar desde el mar las islas y las edificaciones de Puerto Argentino, comenzaron a movilizar esos sentimientos amargos en los sanjuaninos. "Es que uno tiene en el corazón que esas tierras son nuestras y las íbamos a pisar como si fuera extranjera", dice Alfredo.
En su relato, el docente cuenta que "el barco ancló a unos 3 kilómetros del puerto, debido a que éste no tiene calado para recibirlo y además es muy precario, por eso se llega a tierra en lanchas".
Entre los argentinos no había alegría, más bien de dolor. Un grupo de ellos había contratado una excursión hasta el cementerio donde están los soldados argentinos que defendieron las islas. Todos estaban muy serios. Era un momento muy conmovedor.
La travesía fue en un colectivo viejo, en mal estado y conducido por una mujer malvinense. El paisaje era una campiña donde sólo había pasto fino y el horizonte un terreno ondulado que inspiraba una sensación de paz, explica Alfredo.
Los únicos vestigios de la guerra que pudieron ver eran alambrados con pequeños triángulos rojos que anunciaban campos minados por las tropas argentinas.
Al llegar al cementerio los rostros manifestaban emociones mezcladas entre los argentinos que descendían del colectivo. Al contar esos momentos vividos, Alfredo se emociona. su voz se quiebra, respira hondo y continúa su relato. "En esos momentos miraba a mi nieto (Gualterio), que tiene 20 años, la misma edad de esos chicos que no estaban preparados para combatir frente a profesionales equipados con la última tecnología. Sin embargo, ellos supieron luchar y me conmoví como ahora".
En el lugar habían 117 lápidas sin nombres con la inscripción "soldado argentino sólo conocido por Dios". Estuvimos como una hora viviendo la emoción profunda de estar en un pedazo de patria que no lo teníamos nosotros.
Después de recorrer el cementerio, Alfredo rasguñó el suelo de turba con pequeñas piedras, las introdujo en una bolsa de nylon y las trajo consigo a San Juan con el fin de conservarlas como recuerdo. Gualterio hizo lo mismo y le dijo a su abuelo: "esta tierra va a volver aquí, el día que recuperemos a las islas y yo la voy a traer".
"A mí no me interesaba conocer el pueblo, sino donde estaban nuestros héroes. Para mí ha sido una vivencia muy profunda. Allí en el medio del cementerio cantamos el Himno Nacional. Esto me sensibiliza mucho, como a cualquier argentino, por el profundo sentimiento de patria que despierta".
Alfredo y su nieto conocieron la tierra malvinense que como todos los argentinos, quieren que vuelva a ser parte de Argentina.

