¿Qué tiene que ver la moda con los plásticos? Esa fue la pregunta que se hicieron la sanjuanina Sabrina Clevers Accolti y la mendocina Agustina Morán, hasta ese momento compañeras de tesis en su camino por recibirse en la Licenciatura de Diseño de Indumentaria y desde hace poco, socias en la marca -por ahora- de accesorios basados en el reciclaje de (casi) todo tipo de plásticos.

Sin lugar a dudas encontraron no solo respuestas, sino un potencial enorme para su iniciativa que ya tiene nombre -Plastika- y que ya empezó a venderse on line con muy buenos réditos porque las carteras de plástico reciclado que diseñan y construyen son estéticamente interesantes, combinables y diferentes, son unisex, son multiuso (se pueden llevar como carteras, clutchs o bandoleras), son livianas, cumplen su función a la perfección ya que les cabe lo justo y necesario (como una billetera, un celular, las llaves y unos pañuelitos descartables), no las afecta el agua ni el paso del tiempo. Se pueden lucir de noche o de día indefectiblemente. Y, como si fuera poco, en esta cadena interminable que propone el reciclado para reducir los aspectos de contaminación de los objetos, una vez que no se quiera usar más como bolso o como contenedor, puede tener otros tantos destinos como por ejemplo convertirse en maceta (tan bella como su primer cometido). O volver a reciclar, en su defecto.

"¿Qué tiene que ver la moda con los plásticos? Un montón. Argentina es el mayor consumidor de plásticos de Latinoamérica, con un promedio de 42 kilos anuales por habitante, pero además hay que tener en cuenta que la industria de la moda es la segunda más contaminante a nivel mundial, luego del petróleo. Muchas veces nos olvidamos de que lo que estamos vistiendo es plástico, ya sea por las telas (por ejemplo el polar, el nylon, entre otras, son puro plástico) como por los hilos. Esa pregunta fue nuestro puntapié para buscar material para carteras alternativas que si bien no son una solución total a la problemática ambiental, si representan un aporte sustentable y menos contaminante. La propuesta para la tesis era además de abocarse a un producto terminado con sustento conceptual, con producción de fotos y otros elementos académicos, considerar como plus el ser amigable con el ambiente porque es un aspecto que cada vez se requiere y respeta más en el mundo de la moda", resume Sabrina, ya instalada en San Juan (estudió y se recibió en Mendoza), acerca de los pasos dados hasta llegar a las Coralinas, las carteras en cuestión que merecieron un 10 con menciones especiales.

En escamas y con fondo acuático 

El dúo de creativas comenzó a delinear su tesis en julio del año pasado. La tarea implicó casi un año. Desde principio supieron que no era un trabajo habitual el que habían encarado. Primero porque en la carrera no hay antecedentes de trabajos finales en accesorios, la mayoría son colecciones de prendas de ropa. Y segundo porque tenían que delinear el material que utilizarían. Justamente ese aspecto fue lo destacado por los profesionales que las evaluaron hace apenas unas semanas.

"En definitiva lo que proponemos es revalorizar la basura plástica", dice tajante la nueva emprendedora. Es que investigando sobre plásticos y contaminación, se enteraron que uno de los aspectos más afectados por estas acciones tan perjudiciales, son los arrecifes de corales. "Océanos y mares y por supuesto toda la vida animal y vegetal que allí se desarrolla se ve absolutamente dañada por la presencia de plásticos. De hecho, se estima que para el 2030 va a desaparecer un 90 por ciento de los arrecifes de corales debido a los plásticos. Eso nos pareció inspirador y a su vez acuciante. Por eso lo tomamos como tema para desarrollar toda la colección de accesorios para la tesis. Es más con el material en mano, nos dimos cuenta que algunas imágenes de los corales, condicen y se reflejan en nuestras placas plásticas, por sus colores, por cómo se derriten y se van combinando hasta tomar algunas formas", explica la nueva diseñadora de indumentaria y textil y justifica el por qué de la línea de carteras bajo la denominación Coralinas y las razones de cómo los aspectos, nombres y características de algunos de estos animales marinos que viven en colonias fueron representados en sus objetos. Por ejemplo, el coral Coruelea que tiene tonalidades azules sirvió para reinterpretar con forma de cartera.

Claro que antes de llegar a las pequeñas bolsas rectangulares o redondeadas, que tienen manijas y asas y que por la rigidez de su materia prima quedan abiertas, tuvieron que desandar un camino que las llevara a conseguir el material ideal. Ellas tenían muy en claro que no querían seguir contaminando por eso se despegarían de usar telas tradicionales, como las que usualmente se comercializan.

Las creativas Agustina y Sabrina crearon Plastika para su tesis. Pronto se convirtió
en su emprendimiento.

La propia colección

"Al final creamos un material para trabajar. Hicimos algunas pruebas para conseguir lo que necesitábamos como base de plástico reciclado con tapitas, botellas plásticas y otros elementos similares que teníamos en casa. Muchos fueron experimentos fallidos. Hasta que llegamos a una planta ubicada en Las Heras, en la llamada zona verde de Mendoza. Ellos reciben todo tipo de plásticos, desde baldes, hasta juguetes en desuso, salvo el PET que es Polietileno Tereftalato, que si bien sirve para hacer envases y tejidos sintéticos son derivados del petróleo. O sea las botellas no les sirven y a nosotras tampoco. En cambio el resto de material que si aprovechan, es decir esa basura plástica, se lava, se tritura y obtienen escamas. Si bien el proceso en la fábrica sigue hasta obtener bolitas plásticas que derriten y luego transforman en hilos que cortan para hacer bolsas de residuos, bidones de lavandina, entre otros; a nosotras a nivel de escamas es cuando nos permite moldearlas. Es un excelente elemento porque da textura y colores -algunos con brillos, otros opacos- y no generan más contaminación que es algo fundamental", detalla como obtienen lo que necesitan para sus diseños. Dado a que no cuentan con el equipamiento básico, ellas no pueden dedicarse a este proceso probablemente un poco complejo. En cambio, si les interesa fundir esas escamas de colores -que se las entregan separadas en 6 tonos distintos que ellas combinan o no a su gusto- para así generar sus placas plásticas, o su tela reciclada, en definitiva. Sorteando pruebas y frustraciones, apelando a distintas herramientas, llegaron a la conclusión que para llegar a este punto, basta usar una plancha de sublimación.

"El material es muy maleable y adaptable. Mezclando las escamas logramos una placa fina, de 5 centímetros, que con calor se puede moldear. Cuando se seca la plancha, se enfría muy rápido y queda muy rígida, entonces con una pistola de calor le volvemos a dar la temperatura justa para que nos permita trabajarla como necesitamos. De este modo se le puede dar infinitas formas", agrega. Técnicamente a este paso se lo llama termofusión. 

Aproximadamente medio kilo de escamas es lo que necesitan para cada cartera. Y los resultados están a la vista. Sabrina no escatima en calificativos para describir la materia prima: es durable, no se aja o se rompe como la cuerina con la que usualmente suele construirse este tipo de bolsos, es lavable. 

"Vamos a seguir desarrollándolas porque las que hicimos hasta ahora tienen en un 70 por ciento de plástico reciclado que es la base, el resto es soga elástica tensada y tejida a mano para las manijas y algunos detalles metálicos. La meta es llegar al reciclado 100 por ciento", propone.

Para rendir la tesis hicieron más de una docena de carteras en solo dos modelos. También cosieron y sublimaron las bolsitas de lienzo de algodón que sirven de packaging y de bolsa de guardado para que no se estropeen. Las presentaron como verdaderas exhibiciones de moda: con los bocetos, las fichas técnicas explicativas, un catálogo, una producción de fotos en el Dique Potrerillos con modelos profesionales, maniquíes con las prendas que usaron esos modelos y hasta una exposición de los productos. Pero además mostraron las escamas que lleva cada cartera y un detalle del proceso para reciclar un envase de shampoo hasta obtener la materia prima.

Basura como materia prima. Los plásticos que provee una empresa recolectora
de residuos, tras un proceso fabril, se convierten en láminas o escamas que las chicas reutilizan para convertir en carteras.

A esta altura de las circunstancias, las carteras -que pueden personalizarse en tamaño, colores y formas a pedido- ya están a la venta en el atelier de moda circular que tiene Agustina en Mendoza y Sabrina lo hace en San Juan. De todos modos el gran canal de comercialización que tiene es la página en redes sociales (Instagram y Tik Tok) @plastika.acc. Un detalle que no es menor es que cotizan en dólares y tienen fanáticas que invierten ahorros para tener una verdadera Coralina. "Nosotras decimos que vendemos lujo sustentable. Para muchos, al pensar en material reciclado lo asocian a precios económicos. Pero no es así. Nuestros accesorios tienen mucho trabajo y un proceso enorme que se traduce en un fin más grande aún: su impacto ambiental es valiosísimo", reconoce la sanjuanina que no conforme con este paso, ya ha empezado a diseñar con su socia el próximo lanzamiento: abanicos, para reciclar el excedente de las placas plásticas.

 

Por Paulina Rotman
Fotos: colaboración Sabrina Clevers Accolti