Desde el Día Nacional de la Minería de 2008 hasta hoy, hubo un año tan intenso como fluctuante. La crisis financiera internacional descalabró los planes del sector, algo que se tradujo en paralizaciones e incertidumbres. El proyecto Casposo entró casi de inmediato en stand by, se empezó a dudar del financiamiento de varios emprendimientos y el sector calero empezó a acumular stock y a vivir uno de los periodos más duros en su historia.
Pero así como bajó ese platillo, al poco tiempo el otro empezó a subir. El alza en la cotización del oro metió oxígeno en los inversores, a la vez que la baja en el precio del petróleo permitió abaratar algunos costos de producción. Desde el Estado se mantuvo permanentemente una política de formación de recursos laborales y la preservación del medio ambiente se convirtió en otra vía de acceso al mundo del trabajo.
Hoy, con un sistema económico global resquebrajado, los ojos están puestos principalmente sobre el inicio de Pascua Lama como la puerta grande a la recuperación final. O, al menos, como el camino necesario para continuar con la seguidilla de recuperaciones puntuales, que se traducen en nuevos proyectos puestos en marcha, más gente trabajando en las minas y en la prestación de servicios y más obras a partir de las ganancias que la actividad le deja a la provincia.

