Tiene tantos títulos como profesiones que avalan fehacientemente sus dichos. Julio César Labaké -sí, el hermano mayor de Nina, la reconocida periodista de radio y televisión- es maestro, bachiller en Filosofía, licenciado en Psicología, doctor en Psicología Social, psicoterapeuta, conferencista y escritor. Ha tenido distintos cargos en el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación y ha disertado en buena parte de América pero también en Senegal y España.

Actualmente es miembro de Número de la Academia Nacional de Educación y miembro honorario del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

Ya dejó en el pasado, su etapa de la juventud en la que fue sacerdote y en la que grabó el disco "El padre Julio”. Ahora, en cambio, tiene su propio programa de televisión:"Diálogos con la vida”, que en San Juan puede verse a través de la señal de Canal 4.

Su libro 40 ó 41 -confiesa que ha perdido la cuenta del número de publicaciones- hace foco en un tema que realmente pone el dedo en la llaga: la falta de autoridad dentro del aula y la escuela, como consecuencia de la pérdida de prestigio de la autoridad en la casa y en la sociedad toda. Plantea como conclusión la necesidad de redescubrir este rol. Justamente ese tema abordará en el Curso de Educadores, el próximo miércoles 20, en el salón de actos de la Universidad Católica de Cuyo.

-Redescubrir la autoridad, ¿se refiere al ámbito educativo solamente o es un desafío más amplio?

-Está enfocado en forma particular para padres y docentes, pero la verdad es que el planteo abarca a la autoridad para la sociedad civil toda. Yo sostengo que se ha perdido o se ha debilitado el prestigio y el ejercicio de la autoridad. Esto es así porque hay una pérdida de la apreciación social del rol de la autoridad. Es la consecuencia, en gran medida, del cambio cultural que estamos viviendo. Es, lo que Zygmunt Bauman -sociólogo polaco- llama la "sociedad líquida”, sociedad que se vuelve prácticamente ingobernable por la falta de ley y por ende, de autoridad. En la Argentina actual se agrava y hace eclosión por una particularidad que nos caracteriza: la viveza criolla. Como dice el abogado Carlos Nino, padecemos "anomia boba” porque la falta de orden genera una sociedad caótica, desorganizada, sin disciplina y eso conspira para que perdamos la eficacia de nuestras capacidades. La realidad es que es una sociedad donde no hay autoridad es una sociedad donde no tiene vigencia la ley, y una sociedad donde no tiene vigencia la ley, es una sociedad que no toma en serio los valores. Ley y autoridad es una antinomia que no se puede dividir.

-Según su visión, esto sucede incluso con personas tan pequeñitas, que recién inician la escolaridad.

-Si, porque son hijos que tampoco son suficientemente orientados desde la autoridad en la casa. Acá entra acá en juego otra cuestión propia de nuestra idiosincrasia y es el que buscamos formarnos para la autonomía, lo cuál es correcto, porque una persona madura debe ser autónoma; pero cometemos el error de no reconocer que la autonomía se aprende a partir de la heteronomía. Dicho de otro modo, el nene debe aprender a ser él mismo, obedeciendo a la voz de mamá y papá y no solo respondiendo a sus deseos. Eso es fundamental en todo el período de formación del ser humano: desde bebé hasta la adolescencia.

En la escuela, sucede lo mismo, porque docentes y directivos también están inmersos en esta sociedad actual, en la que los chicos no aprenden con normalidad ciertos valores fundamentales para la convivencia, entre ellos, la aceptación de la autoridad. Los docentes hoy se enferman no tanto por cantidad de horas de trabajo sino por el agobio que les produce la dificultad de la contención de los chicos que van a la escuela.

Es más, hoy, mamá y papá no son solidarios con el docente y la escuela, lo cuál es parte de este clima de pérdida de sentido de autoridad.

Este es uno de los grandes dilemas de la educación porque una escuela donde no hay cierto orden es una escuela donde no solamente se convive mal sino donde no se aprende bien porque para aprender hay que tener cierto nivel de orden en el aula. No quiero decir con esto aulas estáticas, aburridas, monótonas, sino aulas creativas y con un clima de orden, porque de lo contrario no se construye el poder.

-¿Desde cuándo nota esta crisis de autoridad?

-Esta crisis de autoridad se ha acentuado en Argentina a partir del año "50 y lo que es más riesgoso, se viene intensificando. La falta de respeto a las normas conspira contra nosotros mismos. La evidencia más clara es que muchos argentinos triunfan más fácilmente en el extranjero porque hay instituciones disciplinadas para trabajar. Creo que ya es hora de empezar a hablar del tema y resolverlo.


-¿Cómo se sale de este estado de desorden?

–Tenemos por delante tres planteos: el primero es recontextualizar la autoridad y no confundir autoridad con autoritarismo, para no caer en las viejas estructuras ni en lo que yo llamo autocensura de la desautorización. Eso es el padre que no se anima a ejercer la autoridad, el docente que no está seguro de su rol en el aula y hasta a veces la autoridad pública que se inhibe de ejercer claramente la autoridad por distintos temores.

El segundo planteo es que la autoridad sea la primera en respetar la ley. Eso va a revalorizar la autoridad y permitirnos caer en la cuenta que la autoridad es una dimensión estructural de la condición humana. No ha habido en el mundo, ninguna sociedad primitiva o desarrollada, que no haya tenido su sistema de autoridad para poder funcionar. Y tercero, tenemos que descubrir que para ejercer la autoridad no hay que alterar el cambio en las condiciones ambientales, solo hay que decidir actuar aquí y ahora, y tener el coraje de asumir responsablemente el ejercicio de la autoridad.

-¿Estos pasos los puede hacer solo el docente en el aula o necesita del apoyo de la estructura?

-Es un tema delicado que yo toco en el libro. La autoridad necesita estar sostenida en forma ascendente y descendente porque de lo contrario se autoanula. Las autoridades públicas deben sostener a las autoridades de la escuela y la del docente. Los padres también.