En estos últimos días las noticias traen como protagonista al niño. Debates y diferentes opiniones nos hacen reflexionar para encausarnos tanto como padres y educadores. Entre tantas manipulaciones hay una que es indeleble y no la altera ni es paso del tiempo: "el Amor". La acción de educar y de enseñar deben estar llenas de este valor, de lo contrario las noticias tan indeseadas de hoy nos lo demuestran a cada rato; son ejemplos todas de la falta de valores, perdidos en este nuevo siglo. Cada vez que analizamos algún tema de la vida cotidiana, hay que irse a la causa para llegar al efecto, y es ahí precisamente donde somos débiles. Vale la pena tomarse unos minutos y pensar y sobretodo saber escuchar. Los pequeños son el futuro de una nación, son la creación más preciada de cada padre, son talento, son valor, son maestros de otra generación, entre otras aptitudes, no los menospreciemos ni minimicemos su contenido. Ellos están defendidos en el mundo entero con derechos y obligaciones y cada religión también hace lo mismo, por ello es necesario utilizar un nivel que nos indique claramente dónde estamos parados, para no equivocarnos y echar en la misma bolsa todo junto. Aún el niño de zona rural posee una capacidad innata de creación, propia de su hábitat, otro talento, y así podemos mencionar mil situaciones. El crecimiento es un elemento natural en el ser humano, pero parece que nos cuesta mucho darnos cuenta hoy si realmente crecemos; algo que los niños hacen con toda su ingenuidad; pero con un condimento que es difícil conseguir en los adultos: "La alegría de existir".
¿Qué es la educación emocional?
La educación emocional es una estrategia de promoción de la salud que busca mejorar la calidad de vida de las personas a partir de la dinamización de habilidades emocionales y hábitos salutógenos. Numerosos estudios demuestran que los niños con capacidades en el campo de la inteligencia emocional son más felices, más confiados y tienen más éxito en la escuela. Asimismo, estas habilidades son condición para que se vuelvan adultos responsables, atentos, seguros de sí mismos y productivos. La buena noticia es que estas capacidades son totalmente aprendidas, susceptibles de ser adquiridas mediante la Educación Emocional en las escuelas.
Corre el siglo XXI y los lineamientos de la educación formal de Argentina no distan mucho de los que planteó Sarmiento ante una sociedad que cumplió ya doscientos años. Así, el modelo educativo vigente es en muchos aspectos anacrónico y no se condice con las necesidades actuales. Esto queda evidenciado por los constantes cambios y reformas que insisten en lo mismo: proyectos que se centran en lo cognitivo, ignorando la importancia de una sana vida emocional del niño y sus tutores (padres y docentes), la que es condición sine qua non de todo desarrollo cognitivo.
¿Desde qué momento podemos comenzar con la educación emocional de un individuo?
Los padres deben comenzar la educación emocional de sus hijos desde su nacimiento en adelante. Mientras que los docentes desde el Maternal y Nivel Inicial en adelante para asentar firmes cimientos sobre los que se edificará la vida de los niños.
¿Por qué hoy se habla tanto de educación emocional?
Las sociedades cambiaron mucho y lo central ya no es la transmisión de conocimientos, sino la dinamización de habilidades.Todos sabemos del consumo de drogas, alcohol, accidentes automovilísticos, riñas, promiscuidad, desinterés, discriminación, entre otros síntomas indicadores de una sociedad enferma. Estos no son tiempos fáciles para los padres, pero tampoco lo son para los hijos. Los modelos con los que fuimos educados los adultos, no parecen tener la misma aplicabilidad con los niños de hoy. Sin ahondar en los profundos cambios que experimentó la familia en el siglo XX, podemos mencionar como consecuencia de una realidad económica, el que ambos padres deban trabajar, y duro, lo que trae aparejado menos tiempo para dedicar a sus hijos, quienes quedan solos o al cuidado de algún extraño, o encerrados en las casas entre la pantalla de TV y de la compu, pues, en la mayoría de los casos, ya no es seguro que jueguen en la calle al fútbol o al elástico. Asimismo, la educación formal se vio lesionada en sus funciones socializadoras y formativas. A esto, hoy se le suma un tercer y muy envilecido factor que son los medios masivos de comunicación y la tecnología que enceguecidos por el lucro inoculan hipocondría en padres y madres, generan necesidades de consumo, modifican hábitos y cubren casi hasta el último ser humano con un manto de exigencias inalcanzables, pues siempre hay algo mejor o más nuevo que comprar.
En este contexto, que no da respiro a padres ni madres, dejándolos agotados por mantenerse a flote, pareciera ser que el niño que buscamos es aquel que no traiga problemas, que no haga berrinches y que obedezca. Sin embargo, estoy seguro, este no es el deseo más profundo de los padres, ni aún el de los más estresados y cansados. Más bien diría, desean que sus hijos sean felices y saludables, seguros de sí mismos, considerados, respetuosos de la propia vida y la ajena, entre otras cualidades.
¿Cómo lograr que los chicos estén motivados?
Antes de hablar de motivación, preferiría hablar de qué podemos hacer para lograr una autoestima saludable en los niños. Así como tenemos necesidades fisiológicas de comer, beber e ir al baño, todos tenemos necesidades emocionales. Todos en diferentes medidas necesitamos sentirnos amados, respetados, incluidos, escuchados, considerados, desafiados (en el buen sentido), perdonados, felicitados, valorados, etc. La autoestima que todo niño necesita no puede comprarse en los supermercados, sino que se cultiva satisfaciendo dichas necesidades desde bebés, dándoles amor.
Durante la infancia, todas aquellas aseveraciones constantes acerca de su persona, se grabarán a fuerza de fuego en el niño, pasando a formar parte de su identidad. Aquella criatura que escuche de su entorno adjetivos positivos hacia su persona, tenderá a valorarse y tener una autoestima saludable. Pero aquel que reciba mensajes negativos abrigará una identidad empequeñecida y vulnerable. Su raciocinio inmaduro, por su condición de niño, no tiene los recursos para objetar y cuestionar la veracidad de las descalificaciones, y mucho menos, si provienen de sus seres más significativos, pasando directamente a ser adjetivos constitutivos de su ser, que más tarde eventualmente buscará cumplir autoproféticamente.
Todos hemos escuchado decir a algún adulto: "Ignórenlo, sólo está tratando de llamar la atención’. Esto sería como decir: "No lo abriguen, sólo tiene frío’. "No lo alimenten, sólo está hambriento’. Todos necesitamos atención y afecto. Amplísimos estudios denotan fuertes perjuicios y hasta la muerte por falta de amor. Sin embargo hay algo de cierto en este mensaje. Si a un niño sólo lo miramos y nombramos para retarlo por algo malo que hizo, de seguro seguirá haciéndolo para recibir la atención que necesita y así satisfacer su necesidad emocional. Pero si le prestamos atención desde sus recursos y habilidades, lo felicitamos, valoramos y miramos sus aspectos positivos, él procurará relacionarse con su entorno desde sus aspectos positivos.
¿Qué pasa cuando otorgamos todo?
Pero, por otro lado, en esta entrega de amor no debemos caer en el otro extremo. El satisfacer todos los deseos y caprichos dándoles todo, es decir, sobreprotegiéndolos, es igualmente pernicioso, sólo que sus consecuencias se evidencian más tarde en la vida, cuando tenga que valerse por sí mismo. No se trata de "por amor’ evitarle las frustraciones al niño, sino de acompañarlo cuando las tenga. Saber que las frustraciones son propias de la vida y que -acorde a la edad- deben ser experimentadas. Es esta la oportunidad en la que el niño aprende a manejar el estrés, enojo, tristeza, etc. De hecho, el estrés cuando no es constante y es en bajas dosis, es positivo. Además, si satisfacemos todos los deseos de la criatura en forma inmediata, éste no tendrá la oportunidad de vivenciar el deseo, traduciéndose en un futuro en una persona sin tolerancia a la frustración y hasta sin voluntad ni motivación. Frecuentemente esta actitud sobreprotectora de los padres es consecuencia de sentimientos de culpa -por no compartir tiempo con los hijos-, intentos auto-reparatorios -"que a mi hijo no le falte lo que a mí me faltó’-, el no poder tolerar el dolor propio del crecimiento en el niño y/o deseos de comodidad de los padres -que negocian cualquier cosa, con tal de que cese el berrinche-.
¿La sobreprotección genera desmotivación?
Sí. La falta de motivación es también, entre otras variables, consecuencia de que el niño fue acostumbrado a acceder a todo en forma inmediata, entonces no tuvo oportunidad de vivenciar el deseo que es lo que mueve a hacer algo para alcanzar un objetivo, pues siempre todo estuvo a su disposición en forma inmediata.
¿Qué es la motivación?
Como la palabra lo indica, motivación es lo que motiva a la acción, es la causa que mueve algo. Entonces la pregunta es, ¿qué motiva al ser humano? Las emociones. La palabra emoción, al igual que motivación, proviene de moción y movimiento. La emoción es lo que motiva a la acción. Y para que toda persona, sea niño o adulto esté motivado, debe poder reconocer sus emociones. Todas las emociones, excepto la tristeza, son pura energía. El amor, por ejemplo, nos da la fuerza para soportar y alcanzar lo que sea, el enojo es un aumento de la energía para poner un límite, el miedo nos prepara para huir o defendernos. En fin, para estar motivados, el secreto es tener un buen registro de las propias emociones que nos informan qué queremos en la vida.
Y ¿Cómo lograr que estén motivados?
Como dijimos, además de darles amor y permitirles frustraciones episódicas y acordes a la edad, para que estén motivados es necesario favorecer al auto-conocimiento del niño. Es descubriendo sus emociones que podrá ver y valorar su unicidad (que es único e irrepetible). Y que como tal tiene intereses únicos. En este sentido siempre les digo a mis pacientes "el camino hacia nuestros objetivos está señalizado por dentro’. El auténtico motivo no es externo o lo que los demás esperan de nosotros, sino que está en nuestro corazón. Entonces para que descubran eso que los "mueva’, es necesario acompañarlos hablando de sus emociones, intereses, habilidades y pensamientos, respetando su unicidad e intereses particulares.

