Las sociedades se modernizan y los regalos también. Los tradicionales peluches o cartas de amor son sustituidos ahora por relajantes masajes o por románticos mensajes de celulares. Sin embargo, los bombones, las joyas, y, sobre todo, los ramos de rosas, a riesgo de parecer anticuados, siguen siendo el valor más seguro.

Y es que un ramo de rosas es el auténtico símbolo del amor: en las bodas, la novia siempre lleva un ramo de rosas; por otro lado, no hay una manera más sensual de demostrar amor que esparcir pétalos de rosa sobre la colcha de una cama.

La rosa ha sido utilizada y cultivada desde el principio de los tiempos con cuidado, pues se la identifica como a la flor de la belleza, el amor y la pureza. Su suave y delicado tacto y su refrescante esencia la han convertido en el tesoro más preciado, ideal para sellar un compromiso y también revolucionó el mundo de la estética.

Doce rosas blancas, rosas, púrpuras, amarillas, azules, e incluso negras son siempre un regalo que no pasa de moda, aunque sin duda alguna, la verdadera protagonista del día de San Valentín sigue siendo la rosa roja.

El color rojo es el tono más cálido de la escala cromática, es el símbolo del fuego, de la fuerza, del deseo y de la furia, pero también de la pasión, de la sensualidad y del amor.

Es el color de los impulsos y de la vitalidad, ejerce una influencia muy poderosa sobre el estado de ánimo de los seres humanos.

Es uno de los colores más fuertes a nivel visual y el de mayor carga emotiva. Es capaz de despertar pasiones extremas en cualquier ser humano. Por eso es uno de los colores más utilizados en publicidad.

Regalar una rosa roja en San Valentín es la apuesta más acertada para demostrar el amor que se profesa por la pareja. Es la flor más romántica que existe, y su valor aumenta si se entrega envuelta en un papel celofán con un lazo rojo.

Pero más aún, si lo que se quiere es expresar a nuestra pareja lo importante que es para nosotros y decirle sin palabras "te quiero", un ramo de doce rosas rojas es el regalo perfecto.

Y es que una docena de rosas rojas es signo de un compromiso sincero y duradero, de un amor puro y, al mismo tiempo, apasionado.