De la sencillez en sus vidas cotidianas hacen un culto. Pero, al momento de encarar un desafío para escalar una montaña, se transforman en verdaderos guerreros. Aníbal Maturano y Gabriel Fava son dos de los grandes montañistas que hay en San Juan. En sus años de trayectoria tienen cientos de anécdotas. Una de las más importantes para ellos es la de hacer cumbre en el Aconcagua (6.962 metros) por la pared Sur. El 12 de febrero se cumple un año de esta hazaña. Esa zona del denominado +techo de América+ es una de las más peligrosas ya que le costó la vida a escaladores de distintas partes del mundo. Ambos deportistas que son socios activos del Club Andino Mercedario, de San Juan, por estos días están escalando distintos cerros del Sur argentino.

Al recordar la hazaña que los llevó a dedicarse al montañismo, Aníbal relata que cuando era niño y visitaba la casa de su primo Juan Carlos. Allí solía hojear sus revistas de montaña. Fue en la misma época, y durante un viaje a Chile por Agua Negra con su familia, que recuerda haber visto, sobre la ruta y a la altura de la curva de la Quebrada de San Lorenzo

-donde actualmente se derivaría el camino para cruzar el futuro túnel – a dos montañistas haciendo dedo. Aníbal quedó fascinado por esta escena, por sus inmensas mochilas y por la agresividad del paisaje donde estaban dispuestos. Ahí supo que quería ser montañista.

En aquel mismo viaje, volviendo de Chile por Mendoza, pasó por las inmediaciones de Puente del Inca y divisó por primera vez la Pared Sur del Aconcagua. Allí se prometió volver para escalarla algún día. Esa promesa se cumplió hace un año.

Ya en la escuela secundaria llevó a cabo sus primeras ascensiones de precordillera de la mano de Ciro Delgado, un experto. Luego pasó por la Universidad y con ella una etapa de formación como escalador, de descubrimiento de la montaña como una forma de vida.

Fue con los años que el bicho de la Pared Sur volvió a picar. La misma representaba un verdadero desafío porque tiene 3.000 metros de desniveles, pendientes variadas de hielo, roca y una combinación de ambas denominada terreno mixto.

Son muchos los tabúes y las historias alrededor de esta emblemática cara del Aconcagua. Muchos escaladores han dejado sus vidas, y la presencia de avalanchas constantes, sumado a las pocas posibilidades de ser rescatado o evacuado una vez en la pared, obligan a pensar un rato y a evaluar las condiciones minuciosamente antes de meterse.

Dado que Aníbal se desempeña como guía de montaña en el ámbito turístico local, la temporada del 2009-2010 lo encontró fuerte y bien aclimatado. Venía de subir el Mercedario y el Ojos del Salado.

El día de la ascensión al Aconcagua por la pared Sur, se produjeron dos avalanchas estruendosas. +Con Gabriel nos quedamos exhaustos mirando como el spray de la avalancha avanzaba por la ladera opuesta de la montaña y llegaba casi hasta nuestra carpa. La otra fue apenas ingresamos por la ruta denominada +ruleta rusa+. Nos habíamos escondido en el filo para conectar con la vía de los franceses y la avalancha se desprendió estrepitosa desde el Glaciar del Medio, pasando por nuestro lado+, cuenta a modo de anécdota.

Después de otras avalanchas, los profesionales sanjuaninos lograron hacer cumbre en medio de una tormenta. Fue la realización de un sueño de niño que había comenzado hace 25 años.