Los artesanos mineros indígenas y criollos del Gran Chaco trabajan incansablemente día a día en la obtención de la materia prima (alpaca, rocas ornamentales, plata, etc.) para poder fabricar y armar sus famosos collares, prendedores, bandejas, aros y “tupus” o más conocidos como alfileres. Por su parte, la organización sin fines de lucro “Arte y Esperanza” realiza todo tipo de gestiones, capacitaciones y emplea toda su logística para que estos productos puedan llegar a un gran número de mercados nacionales e internacionales y por sobre todo se pague por ellos un precio justo. “En estas zonas del Gran Chaco existen muchos problemas para la comercialización y durante mucho tiempo se abusaron de estas comunidades. Lo que nosotros hacemos desde la organización se traduce en un apoyo social y económico para más de 500 familias de las comunidades Kolla, Wichí, Qom-Toba, Mbya-Guaraní, Pilagá, Chané, Diaguita Calchaquí y Mapuche”, explicó Sebastián Homps, miembro de la organización que nació en Buenos Aires allá por 1995.

El “comercio justo” es una relación de intercambio productivo basada en el diálogo, la transparencia y el respeto que busca una mayor equidad en el comercio internacional. Según explicaron fuentes de la organización, contribuye al desarrollo sostenible, ofreciendo mejores condiciones económicas y asegurando los derechos de los pequeños productores y trabajadores marginados, especialmente del hemisferio sur.

Superando ampliamente las expectativas “Arte y Esperanza” comenzó a crecer y a abrir más de una sucursal en Buenos Aires, de esta manera se convirtió en un lugar de verdadero encuentro permanente y de transmisión de culturas, además de ser un espacio creado específicamente para el comercio solidario de las producciones indígenas.