Entrevistamos a Rodrigo Espíndola, Doctor en Agronomía, Magíster Cientiae en Viticultura y actual Jefe de la Agencia de Extensión Rural (AER) Caucete del INTA, palabra ultra autorizada en materia de vides, para realizar un balance de los daños por clima en la temporada.
CAMBIO CLIMÁTICO
En un contexto de cambio climático, los productores redoblan el desafío para producir entre tormentas, plagas, enfermedades, olas de calor, sequía, granizo y un panorama económico adverso. Hay que mantener una actitud optimista y mirar hacia arriba, pensando "siempre que llovió paró".

HELADAS
La situación puede ser peor ya que la temporada empezó con una helada tardía que, en San Juan, no fue devastadora, pero sí inusual. En muchos lugares hubo una incidencia del 50%, pero con una baja severidad. Esta helada quemó la punta de brotes tiernos y, en las variedades tardías, hubo daño en órganos florales generando un daño directo. En algunos casos, pudo existir un efecto adverso en tejidos y yemas que manifestaron un crecimiento errático en el resto de la temporada. Sin embargo, en este tipo de accidente climático, el daño nunca es mayor al 100%, por lo que si la planta reacciona positivamente, no tendría consecuencias negativas en la futura temporada.
OLA DE CALOR
Pero, como si esto fuera poco, luego hubo una serie de olas de calor. La ola de calor se define como un período de más de tres días consecutivos con temperaturas superiores al promedio. La vid es, fisiológicamente, una planta C3 y fotosintetiza con máxima eficiencia entre 25 y 30 ¦C. A 35 ¦C baja la tasa fotosintética y por encima de esta temperatura se satura, produciendo un cierre estomático y detención del crecimiento. Al frenar el ciclo de crecimiento se interrumpe la formación de precursores del aroma y del color para las futuras uvas. En esa situación se produce un fenómeno de fotorrespiración que agota las reservas de nutrientes. Esto se agrava si se riega en exceso: al estrés provocado por el calor, se le suma la asfixia radical y se prolonga el cierre estomático y la detención del crecimiento. Por último, cuando las temperaturas siguen siendo altas durante la noche, la tasa respiratoria se acelera y así, los fotosintatos y compuestos del color son degradados durante la noche, retrasando la maduración.
Otra consecuencia de las olas de calor cuando ocurren luego del envero es el quemado del racimo y daños por sol; lo que reduce la aptitud enológica de las uvas y destruye la calidad de las uvas de mesa.

MEGASEQUÍA
No hay que olvidarse de la sequía. Las estrategias para tratar de que no haya un déficit hídrico son variadas; van desde reducir el tamaño de la unidad de riego hasta el uso de lonas de riego y mangas. Los regantes que son "cola de ramo" tienen mayores variaciones en la entrega del agua y en el caudal que reciben en función de lo que ocurra aguas arriba. Cuando aumenta la frecuencia de riego y baja la lámina, se observan plantas con signos de estrés hídrico: el limbo de la hoja forma un ángulo de 45¦ con su pecíolo y se comienzan a ver síntomas de intoxicación de sales como boro y cloro. Todo esto tiene un impacto directo sobre el rendimiento del presente ciclo productivo y afecta el proceso de formación de yemas frutales para el siguiente ciclo; es decir puede haber desdiferenciación de yemas.
LLUVIAS
Si en este contexto el productor tuvo la suerte de seguir adelante, la ocurrencia de tormentas y lluvias aumenta en enero junto con la incidencia de plagas y enfermedades. Comienza el riesgo de podredumbres para variedades que se están por cosechar y también, hay riesgo de peronóspora, que implica la pérdida de hojas y que las uvas no puedan madurar. Quien no hizo control fitosanitario, se ve obligado a hacerlo con el riesgo de aplicar un producto que no respete las carencias con una consecuencia negativa en la inocuidad y calidad de la uva.

GRANIZO
Para terminar con este apocalipsis, el granizo hace lo suyo y daña la uva, lesiona los sarmientos y yemas. A diferencia de la helada, el granizo produce daños mayores al 100% ya que afecta a la presente temporada, con pérdidas directas, y a la futura temporada porque produce la pérdida de yemas que no tendrán la oportunidad para poder inducirse ni diferenciarse como frutales. Como si fuera poco, al afectar el Sarmiento, se encarece la poda del siguiente ciclo.

EL FUTURO
El cambio climático es inminente y trae más dificultades y nuevos desafíos para los productores y productores vitivinícolas. Las claves radican en nuevas inversiones – paradójicamente – en malla antigranizo, uso de energía renovables, inversiones en tecnología de riego presurizado, acompañadas del uso de paneles solares.
Por el Ing. Agr. Alejandro Acosta
Fotos: Gentileza Rodrigo Espíndola

