Una habitación, los suaves melismas de un violín sonando, una guitarra acompañando y gente tarareando los temas. Esta imagen podría pertenecer a cualquier curso de la Escuela de Música de la UNSJ, sin embargo el contexto de esta improvisada sala de ensayo es la mina Veladero, ubicada en Iglesia a más de 4.000 metros de altura.

“Ensayar en la mina no es nada fácil. Yo subo cuatro días a Veladero. Durante el primer día no toco, porque todavía estoy medio mareado. En el segundo o tercer día es cuando empiezo. Tampoco puedo ensayar más de una o dos horas, porque son jornadas largas de trabajo, pero amo la música, va conmigo desde que tengo uso de razón, no había excusa alguna para no continuar ensayando en la mina”, explicó el ingeniero electrónico Alejandro Cuadra.

La relación entre el joven ingeniero y la música comenzó de muy pequeño. En su casa paterna eran ocho hermanos y cada uno tenía una actividad extraescolar. “Al ser tantos, de chiquitos nos llevaban a todos a alguna actividad. Iba el “cuadramóvil”, como le decían al auto de la familia, a dejar a mis hermanas a cursos de artesanías, otros en deportes y a mi hermana y a mí en la Escuela de Música. Finalmente yo elegí el violín a los diez años y mi hermana prefirió el saxo”, dijo Alejandro entres risas.

Luego de recibirse de ingeniero electrónico en la Universidad Nacional de San Juan, Alejandro pasó por varios trabajos “de poco valor”, hasta que hace dos años consiguió un puesto en una empresa prestadora de servicios que trabaja en la mina Veladero. “En mi primer trabajo cobraba 500 pesos, pagaba 100 de monotributo y encima estaba todo el día trabajando. Luego conseguí un puesto en una prestadora de servicios mineros. Estuve dos años subiendo y bajando de la mina, fue aquí donde me pude comprar un violín un poco más barato para subir y ensayar arriba. El instrumento sufre mucho por la altura, por eso no me llevo el que toco acá en la ciudad. Se corre mucho peligro que el violín se descole por la gran presión. Aparte el sonido es distinto, es como mucho más agudo y estridente por el ambiente”, explicó Alejandro.

El violinista ha conformado distintas bandas a los largo de su carrera en la provincia de San Juan, como Ivanhood, con la que se destacaban en el género del rock, pop melódico y temas propios; también Fusiónica y una banda de tango conformada por estudiantes de la Escuela de Música. “Hoy tengo la idea de armar algo referido al gypsy jazz. Es algo bastante complejo técnicamente para interpretar, pero desde que lo escuché me apasioné y quiero tocarlo”, comentó Alejandro, quien actualmente toca en casamientos y distintos eventos acompañado de guitarra para amenizar veladas. “Ahora con mi compañero hemos tenido que ensayar bastante en Veladero porque teníamos un casamiento”, dijo el violinista, y agregó: “En la mina no he tenido muchas actuaciones, quizás dos. Pero si hay muchas historias de ensayar en una salita con mi compañero de guitarra y que la gente se siente a escuchar e incluso que se pongan a cantar y nos empiecen a tirar nombres de canciones para hacer”.

Actualmente la mina Veladero otorga la posibilidad de expresión musical a sus trabajadores, no sólo por los recientes cursos artísticos realizados en el marco de su quinto aniversario productivo, sino también porque la empresa se ha equipado con instrumentos (bajo, guitarra, batería ) y amplificación para que los trabajadores interesados puedan expresarse musicalmente o practicar cada vez que lo deseen. “Por ahí hay mucha timidez, pero hace falta que alguien rompa un poquito el hielo para que se animen a tocar”, concluyó Alejandro.