Fuente: Alicia Violeta Malmod, Arquitecta, Master en Gestión del Desarrollo Urbano Regional. Prof. Titular – Urbanismo. FAUD. UNSJ. Consultora en temas urbanos y en planificación territorial. Directora Técnica de Planes de Ordenamiento Territorial.
Es reconocido que uno de los temas centrales que debe abordar el urbanismo hoy se vincula directamente con el crecimiento urbano y sus efectos socioterritoriales. Las intervenciones en la ciudad no constituyen una cuestión puramente física, se trata de procesos complejos, en los que resulta indispensable consensuar con la diversidad de actores urbanos, y los intereses que cada uno de ellos representa. El urbanismo actual debe afrontar problemas como la pobreza urbana, la segregación social, la fragmentación física, entre otros.
Esta afirmación, reconoce el fracaso de miradas cientificistas, que pretendieron abordar los problemas de la ciudad desde una mirada exclusivamente técnica. Las políticas públicas en general y las urbanas en particular requieren del reconocimiento de la diversidad de actores y factores para plantearse con algún nivel de posibilidad.
Comprender esta situación ha llevado a la concreción de un urbanismo social, en el que la participación se constituye en un instrumento básico para la definición de rumbos y la toma de decisiones.
En este marco el planeamiento se constituye en un instrumento indispensable en términos de orientar la ocupación del territorio, garantizar el acceso a la vivienda y a los equipamientos públicos, asegurar el derecho a la centralidad, a los espacios públicos, entre otros.
La ciudad de San Juan
Algunos problemas
La ciudad de San Juan se caracteriza por un crecimiento expansivo, disperso y de baja densidad, que consume sistemáticamente tierra en los bordes urbanos, dejando áreas vacantes al interior de la planta urbana. En algunos casos, esta estrategia se vincula al accionar de promotores que buscan tierras rentables para la inversión privada. En otros casos, el Estado subsidia intervenciones en los bordes con el objetivo de atender requerimientos de sectores socialmente vulnerables, mientras amplios sectores de ciudadanos, enfrentan el problema habitacional con sus propios recursos, sin asistencia alguna.
Esta lógica de ocupación del territorio, genera escenarios de fuertes contrates y sobre todo de alto costo para todos los habitantes del área urbana, que se reflejan en infraestructura ociosa, por ejemplo tienen prolongados tiempos de transporte, inadecuado acceso a bienes y servicios, localización de viviendas en áreas inadecuadas, entre otros factores. Es decir una producción de ciudad con un alto impacto ambiental, todo ello a pesar de la disponibilidad de tierra para ser urbanizada dentro del área urbana.
Esta "irracionalidad’ se refleja también en la expansión indiscriminada del área urbana sobre el oasis productivo, el cual constituye un recurso escaso, en una provincia con más del 80% de su suelo montañoso. En síntesis somos parte de una gestión poco acertada en zona árida, que a su vez repercute en la falta de eficiencia de la ciudad como proveedora de servicios y calidad de hábitat.

