Aunque, cada mañana, el despertador suene media o inclusive una hora antes de entrar a clases para que los chicos vaya lo más lúcidos posible; está científicamente comprobado que los alumnos inevitablemente ingresarán a la escuela "dormidos”.
Esta afirmación no es una suposición ni un chiste ni una tontera. Es una realidad de la propia naturaleza humana. Es que por su funcionamiento hormonal, ni un niño ni un adolescente, estará en condiciones de prestar atención, fijar conceptos, repensar consignas o elaborar respuestas entre las 7,20 y las 8,30, el horario en que habitualmente se inicia el dictado de clases no sólo en San Juan sino en prácticamente todo el país. A esa hora, quizás un rato más tarde también, recién comenzará a despertarse su cerebro ya que así se lo indicará la melatonina, la hormona inductora del sueño, que en ese momento detendrá su secreción y dará lugar a otra hormona fundamental, como es el cortisol, la que le dará energía al organismo, para entre otras cosas, aprender.
¿Cómo es esto? Sencillo, en apariencia.
"Los seres humanos somos un conjunto muy dinámico y complejo de hormonas que nos sostienen en pie pero hay dos que son las directrices pero a su vez son antagónicas: una es el cortisol y la otra la melatonina. El cortisol tiene un ritmo de trabajo que aumenta desde las 4 de la mañana en adelante y hace un pico alrededor de las 9 de la mañana. Recién ahí es cuando se podría decir que estamos con todas las luces y somos capaces de empezar a producir. El cortisol se seguirá manteniendo alto a lo largo de todo el día, luego bajará un poco su nivel, y hará otro pico a las 18 para caer bruscamente y darle el protagonismo, a la otra hormona que es la melatonina u hormona de la noche o del sueño, que es la que entre otras cosas permite la neuroplasticidad cerebral y el buen funcionamiento vascular. Esa hormona empezará a subir cuando el cortisol baje y hará su pico máximo de trabajo alrededor de las 24 horas para empezar a caer a las 4 de la madrugada, que es cuando empieza a subir nuevamente el cortisol. Ese juego antagónico permite que otras hormonas que son muy importantes para el cuerpo, como por ejemplo la hormona del crecimiento, se segreguen en la noche y cumplan sus funciones fundamentales especialmente en los adolescentes. Se secretan mientras se duerme, mientras no hay luz, si no, se inhiben. Por eso es importantísimo la cantidad de horas de sueño en los adolescentes”, detalla la doctora Ana María Maffeis, neuróloga, especializada en Medicina del Sueño y Psico-neuro-inmuno-endocrinología.
Maffeis es una defensora de un ritmo escolar acorde con las necesidades de los chicos y por ende cuestiona esa premisa popular que dice que ir a clase por la mañana es más provechoso. A tal punto que sostiene que "desde la neurología y desde la ciencia en general, está mal visto el horario habitual de inicio de clases porque es contraproducente que el niño se levante de noche para ir a la escuela de noche, especialmente en el ritmo matinal escolar invernal de San Juan. Quizás ahora no se note tanto porque todavía hace calor, pero en unos días más, cuando el clima se ponga más duro, si”.
Esta profesional aclara que en los adolescentes este ciclo o ritmo hormonal se agudiza aún más, ya que en esta etapa se produce lo que se llama un "retraso de fase fisiológica del adolescente”, que en otras palabras, le genera acostarse más tarde pero también despertarse más tarde de lo acostumbrado.
"Eso es normal por su proceso de crecimiento. Pero si a esto le sumamos que este adolescente lleva una vida desordenada, no come correctamente, ingiere alcohol y energizantes, se queda de noche jugando con la tablet, la notebook, el celular de última generación o el aparato que sea, no sólo tendremos un chico que no descansará y por ende no aprenderá, sino que estaremos generando una deuda a ese organismo y al cabo de unos años será un adulto insomne. Entonces es fundamental que los padres, le hagan el ritmo del sueño a ese adolescente, como cuando era bebé para que su cerebro funcione correctamente”, asegura la médica.
Maffeis agrega que el resultado de un mal descanso después se traduce en fracasos escolares, pero también aparecen otras patologías como "trastorno de pánico, intolerancia a la frustración, apneas de sueño, síntomas que antes no se veían en adolescentes”.
Pese a que ni en San Juan -dónde el horario de ingreso escolar está aceptado social e institucionalmente aunque no hay una normativa oficial que lo fije taxativamente- ni el país hay estudios que analicen la relación de la hora de inicio de clases y el rendimiento escolar, en el mundo sí. De hecho, el trabajo de investigación llamado "A’s from Zzzzz’s? The causal effect of school start time on the academic achievement of adolescents”, de los investigadores Scott Carrell, Teny Maghakian y James West demuestra que los resultados académicos de los alumnos están directamente vinculado con cuánto más temprano o más tarde se llegue a la escuela. El trabajo en cuestión -que implicó un relevamiento de más de 6.000 estudiantes americanos asignados a diferentes cursos con tres horarios de clases distintos que rendían pruebas estandarizadas- es claro al indicar que "despertar a un adolescente para ir a clase a las 7 de la mañana es equivalente a despertar a un adulto a las 4 de la madrugada para empezar a trabajar”. Quizás por eso propone posponer tan sólo en 50 minutos el horario de inicio de clase por la mañana, ya que está comprobado que produce un efecto positivo en el desempeño académico de los alumnos.

