Educar, estudiar y conocer a esta especie ayudará a entender la importancia que tienen los árboles en San Juan. Preservarlos y respetarlos es la primera condición debido a la zona árida en donde vivimos. Este ejemplar aporta un sinfín de bondades que hacen al hábitat de los seres vivos. Profesionales y especialistas científicos ponen de manifiesto sus consideraciones respecto a la importancia de los arboles en el ecosistema.

Los árboles son mucho más que productores de oxígeno. Sin ellos, las ciudades se vuelven estériles y la calidad de vida resulta enfermiza. Por sus beneficios al medio ambiente, el valor de un árbol equivaldría a 18.000 dólares, según un estudio hecho por universidades de Estados Unidos.

Es común encontrar plantaciones ya realizadas muy mal conducidas. De este mal manejo pueden derivar varios problemas como el ocultamiento de carteles indicadores, roturas veredas, obstrucción de desagües, roturas de cables o frentes de edificios, oscurecimiento de calles por proyección de sombras, golpes producidos por vehículos altos (camiones y colectivos), falta de sombra durante el verano y hasta un problema visual.

En el medio urbano no suelen encontrarse las condiciones adecuadas para el correcto desarrollo de los árboles. Cada árbol cuenta con una serie de características que lo vuelven apto o no, para el ajetreo de la ciudad. Si lo que se busca es un buen efecto estético, con bajo costo y escaso mantenimiento existen una serie de factores que no pueden dejar de considerarse:

Tipo de raíz: Las profundas dañan menos las veredas que las superficiales. Las especies de anclaje horizontal (tilo, olmo, fresno), se adaptan mejor al funcionamiento y evitan roturas. Se deben evitar las especies ávidas de humedad edáficas quienes buscarán los desagües, (por ejemplo los sauces).

Follaje: Conviene elegir árboles de hojas caducas, pequeñas o medianas, puesto que obstruyen menos los desagües y permiten un fácil barrido y recolección.

Floración: Para el árbol de la calle tratan de evitarse las especies con floración ya que sus flores al caer pueden ocasionar resbalones y caídas. Depende del lugar donde se ubicará, en ese caso son preferibles las explosivas, aunque sean momentáneas (jacarandá, lapachos), pero que no ocasionen problemas por su tamaño y cantidad, como el palo borracho, cuyas flores son resbalosas.

Frutos: Sucede lo mismo que lo anterior, pueden embellecer el entorno u ocasionar trastornos por su tamaño, textura, forma, aroma, etc. como sucede con los ombúes hembra, naranjos, gingkos hembra, o araucarias. Serán preferibles, frutos secos y no muy grandes.

Tamaño: Si tenemos en cuenta el tamaño que alcanzará en la edad adulta el árbol, la elección de cada especie estará determinada en gran medida por el ancho de la calle, de la vereda, la altura y el retiro de los frentes de edificación. Existen diferentes tamaños. Los de primera magnitud (de 20m. o más) se utilizan en avenidas y paseos; los de segunda magnitud (15m.) son usados en calles y veredas amplias y los de tercera (10m.), calles y veredas estrechas.

Forma: Se piensa principalmente en la copa y el tronco. Aquella será amplia y alta, en tanto que éste se mostrará recto y libre de espinas y ramificaciones basales.

Rusticidad: Siempre se adaptan mejor los árboles que resistan enfermedades, lastimaduras y contaminaciones (gases y escapes de motor, aguas con productos químicos, lavados de veredas, restos de aceite, polvo atmosférico).

Longevidad: Es importante ya que el costo de la plantación y el cuidado del árbol hasta que es suficientemente fuerte (3 años) es elevado y más aún si se considera el número de ejemplares de una ciudad. Los árboles de crecimiento rápido no suelen vivir muchos años. Por ejemplo sauce, álamo, etc.

Lo mencionado va a condicionar la adaptación futura de los árboles a su entorno, su desarrollo y su sanidad, por lo tanto la gestión futura y en particular recurrir o no, a la poda.

Consideraciones Finales

La tarea previa a cualquier decisión sobre el arbolado urbano es la del inventario. El conocimiento acabado de la cantidad y distribución de las diferentes especies que componen la flora arbórea urbana es de relevancia para ordenar las tareas de poda, los tratamientos fitosanitarios, recambio de ejemplares, etc. El inventario por cuadra, y más precisamente por frentista, considerando: especie, estado sanitario, diámetro de copa, clase de edad, conflictos con otros servicios públicos, llevan a la gestión del arbolado público.

A los fines prácticos es preferible uniformar los árboles por tamaño, pero manteniendo el criterio de diversidad específica; labor que debe realizarse por calles o manzanas. Entre las ventajas de esta actividad se destacan: estandarización de las tareas culturales con menores costos, menor vulnerabilidad ante las plagas específicas, riqueza estética, etc.

La gestión del arbolado urbano requiere de evaluaciones permanentes durante la época estival como en la invernal. En verano permite el registro de ramas secas, enfermedades, plagas, árboles secos, ramas sobrecargadas de brotes y en invierno en función del relevamiento estival, la poda. Por ello es necesario contar con una cuadrilla de mantenimiento estable, con operarios capacitados.

De esta manera el arbolado urbano, junto a otros recursos culturales se ligará estrechamente al patrimonio cultural del ambiente urbano.