Los geólogos sanjuaninos Horacio Puigdomenech y Gustavo Pezzani fueron contratados hace dos meses como consultores por la empresa GoldCorp para realizar trabajos de evaluación y perforación en un teórico yacimiento de litio en el corazón de Afganistán. Los experimentados profesionales tuvieron que atravesar un gran número de inusuales situaciones de seguridad para poder cumplir con sus labores. “Una de las cosas más fuertes es que no podíamos andar solos por la calle, era como en las películas, siempre teníamos que ir acompañados por un guardia armado”, comentó Horacio. “Y cuando nos buscaban en movilidad, íbamos en una camioneta enorme blanca toda blindada y con dos sujetos ex militares ingleses armados con ametralladoras”, agregó Gustavo.

A todo esta experiencia de película al más estilo Hollywood deben sumarse las horas de controles en el aeropuerto y las barricadas y trincheras de seguridad policial y militar (fuerzas lideradas por Estados Unidos) para poder acceder tan solo hasta el hotel.

Los geólogos y docentes locales viajaron en helicóptero hasta el yacimiento en cuestión ya que el tráfico en Kabul (capital del país) es uno de los más caóticos del mundo. “Fue una gran experiencia, pero cuando nos subimos al helicóptero vino un guardia con una valija y repartió armas a todos los hombres de seguridad. Y cuando llegamos al yacimiento vimos que también había barricadas y grandes ametralladoras fijas en algunos puntos. Sin embargo, pudimos comprobar que el afgano en sí es un persona respetuosa, pacífica, a veces discutidora, pero muy tranquilo en esencia”, dijo Pezzani.

Los reconocidos profesionales pudieron determinar a simple vista que el supuesto “salar” que iban a analizar era simplemente un barrial y que no existía en él el potencial de litio que la multinacional había detectado inicialmente. Pero más allá de los resultados de perforación, la mayor experiencia para los geólogos sanjuaninos fue la integración con la gente del lugar. En un principio, por cuestiones idiomáticas y de seguridad, compartían más tiempo con los denominados “gringos” que con los afganos.

Pero con el paso de los días, (estuvieron un mes en Afganistán) comenzaron a acercarse a los habitantes de los pueblos aledaños que cumplían funciones en el lugar. “Los europeos y yanquis no se integran con la gente del lugar, incluso donde ellos duermen en el proyecto está prohibida la entrada de los afganos. Comen aparte, duermen aparte, y no les interesa conocerlos. A nosotros nos miraban con desconfianza, pero empezamos a preguntarles por su forma de vida, por sus costumbres, aprendimos un par de palabras y ellos nos aceptaron como pares. No nos veían como colonizadores y eso nos abrió la puerta de su confianza, tanto así que un día nos invitaron a una especie de reunión en la que hablamos sobre nuestra cultura y las proyecciones del yacimiento”, comentó Puigdomenech. “Ellos estaban interesados en saber si la empresa podía llegar a ayudar en materia de necesidades básicas de salud y educación para los niños de los pueblos aledaños que viven en su gran mayoría de la ganadería caprina”, dijo Pezzani.

La experiencia de viajar a Afganistán (un lugar ocupado militarmente) donde las milicias estadounidenses luchan permanentemente con las fuerzas talibanes produjo alguna situación de estrés en los profesionales sanjuaninos, aunque nunca vivieron un escenario concreto de peligro que los llevara a temer por sus vidas.

Las características climáticas de la zona también impusieron condiciones. Las temperaturas oscilaban diariamente entre los 53 grados centígrados durante el día, alcanzando los 7 grados bajo cero en las noches. “Es un clima muy desértico, bañarse después de las seis de la tarde era imposible, contando que el aseo consistía en una palangana con una jarra de agua”, recordó Gustavo Pezzani. Durante los primeros días, los geólogos contratados por Goldcorp comían junto a los traductores, operadores logísticos y personal de seguridad integrados por ingleses, yanquis y europeos. Con el paso de los días y al haber ganado la confianza de los locales comenzaron a sentarse con ellos a comer. “Los ingleses comen carne enlatada recalentada, nosotros queríamos probar la costumbre culinaria afgana. Ellos utilizan como cubiertos un pan largo y chato que se unta y su dieta es a base de arroz y otras legumbres. A su vez, toman mucho té, caliente, incluso con 50 grados de calor beben té y agua caliente”, eso nos sorprendió mucho. Ambos expertos concluyeron que la experiencia de trabajar en un lugar tan exótico como Afganistán ha sido una de las más importantes de su vida profesional y sin dudarlo “volverían a hacerlo” más allá de la inseguridad y permanente conflicto bélico en la que se encuentra dicha nación.