Un cerco es una hilera continua de arbustos con el objetivo de marcar un límite o para brindar cierta intimidad y protección. Según la especie elegida que puede ayudarnos también, a cumplir la función de cortina de viento, marcar un límite con el vecino, esconder una estructura o bien tapizar de verde una pared.

También pueden zonificar áreas de nuestro jardín o hacer de pantalla a objetos que preferimos ocultar.

A la hora de diseñarlo, es fundamental tener en cuenta, primero nuestras necesidades, cual será el principal objetivo para el cual lo queremos hacer y luego analizar las características de las especies, según los objetivos esperados.

Teniendo en cuenta la altura del mismo, ya que el cerco nos proyectará sombras, más cortas en verano y más largas en invierno, tanto por el uso del espacio como así por los arbustos que plantaremos en las líneas paralelas, llegado el caso de armar macizos de arbustos de diferentes magnitudes. En éste último caso, de formar macizos, arriates, no debemos olvidar que todos tienen que compartir las mismas necesidades tanto de suelo como lumínicas.

Los cercos de plantas pueden ser compactos, si lo que buscamos es una total intimidad, para ello nada mejor que la especie Ligustrum, que deberá mantenerse disciplinada mediante podas regulares, para que tenga buen aspecto.

Un ejemplo diferente y demuestra la cantidad de especies que se pueden adaptar a la función de un cerco es el Laurus nobilis, más conocido como Laurel o el arbusto Olea Texana.

Dependiendo de la función que cumpla este límite, es la elección de la especie. Además puede ser un cerco con flores o solo de follaje.

Los rosales trepadores son ideales para alinearlos o apoyarlos en estructuras y formar la mejor barrera ya que poseen espinas y también llenan de flores la superficie. Lo mimos ocurre con otras enredaderas como las Bignonias, Plumbagos, Santa Rita, Jazmines, etc.

Otra de las especies muy utilizadas son algunas variedades de coníferas, sobretodo las de porte mediano, como los Ciprés.