Los amores estivales se hacen posibles porque se tratan de un tiempo y espacio en donde uno se "permite" ser diferente. Se aceptan otras reglas de juego y se hacen cosas que el resto del año no se estaría dispuesto a hacer.
Es como darle vacaciones a los propios preconceptos amorosos, y aún sabiendo que no durará, implica aceptar y querer escuchar una promesa de amor eterno.
Las parejas que viven estos romances saben de qué se trata y por eso viven su pasión con más intensidad.
Es tiempo de diversión pura, lo que hace que actitudes que en la rutina podrían ser causa de enojo, en una relación de verano se vuelvan hasta divertidas.
Ahora, cómo no salir lastimados cuando se vive un vínculo durante esta etapa:
-La duración del romance no debe ser el eje de la conversación de la pareja. El eje es el hoy y el ahora.
-No pensar en el futuro, ya que esto puede convertirse en una proyección de lo que se desea o sueña.
-Los planes con esa persona no pueden abarcar más que el tiempo de veraneo. No conviene concertar encuentros posteriores, porque suelen no concretarse posteriormente en la realidad.
-Cuidarse: un embarazo no deseado o una enfermedad puede resultar un verdadero problema si no se toman los recaudos necesarios.
-Dejar claro los códigos desde el principio, aclarando lo que se espera de esta relación (fidelidad el tiempo que dure, compañerismo, etcétera).
-No generar falsas expectativas respecto a la otra persona, ni pretender ser la mujer o el hombre de su vida. Hay que ser auténticos y lo más sinceros posibles desde el principio hasta el final.
-Si se intercambian mails, teléfonos o direcciones no volver esperando recibir noticias del otro inmediatamente. Puede mantenerse un contacto, pero siempre considerando la realidad de la relación. Está prohibido visitar repentinamente a la otra persona en su casa sin avisar.
Algunos vínculos que se han forjado durante las vacaciones han resultado en fructíferos matrimonios luego, pero hay que recordar que esa es la excepción, no la regla. Por lo que las claves para mantener un amor de verano sin salir emocionalmente dañados en ser honestos con uno mismo y con el otro, ser auténticos, cuidarse y predisponerse a disfrutar de un encuentro romántico y placentero el tiempo que dure el viaje.
