Quien conoce a Pablo Pastor por sus imágenes en 3D -llamadas mappings-, y sus creaciones audiovisuales, se sorprende ante esta nueva faceta: autor y director de una obra de teatro que cuenta con muchas particularidades. Fueron varios los factores que lo llevaron a incursionar en este ámbito, pero sin duda hubo uno determinante: Ser el primer nieto de una familia repleta de mujeres que tenían peso propio en sus decisiones. Ese fue el detonante para llevarlas a escena, junto a dos actrices de profesión. Así la obra habla sobre mandatos sociales y vínculos entramados que surgen de sesiones de constelaciones familiares. Un relato en la que muchas mujeres se verán reflejadas en una obra distinta y prometedora.
Lógicamente esta puesta en escena debía llamarse ‘La mujer’, una excusa perfecta para poner en escena a sus tías, madre y abuela. Valientes mujeres que no dudaron en participar en esta trama basada en el género del biodrama con una dramaturgia que toma elementos de las vidas de sus protagonistas, aunque los argumentos se entrecruzan. No siempre corresponden a su propia historia.
Si bien parece una jugada diferente de Pablo, egresado de Técnico en Medios Audiovisuales, con sólida experiencia en Europa donde hizo producciones para la firma Benetton, hay que saber que a los 17 años ya tenía una inclinación por el teatro. Fue a esa edad cuando decidió hacer un curso con Ariel Sampaolessi en El Avispero, y así el bichito teatrero quedó picando. En Córdoba donde estudió Cine, continuó con algunos talleres, incluso se animó al danza-teatro. ‘Más allá del cine, lo hacía por una cuestión de disfrute personal, aunque también sabía que me podía servir para mi trabajo, para poder entenderlo. Luego cuando volví a San Juan también influyó mucho la Fiesta Nacional del Sol donde vi tanto teatro, tanta actuación. A eso se sumó una charla que escuché de las mujeres de mi familia, en la que todas hablaban y aportaban lo suyo, y decidí escribir el guión basado en estos vínculos. Para mi también era una necesidad, una forma de indagar la influencia que tuvo en mi esta familia llena de mujeres’.
Una vez escrito el guión convocó a dos actrices que habían trabajado con él en un taller realizado con Tania Leyes, quien ha colaborado mucho en el seguimiento de la obra. Ellas son Marisel Contreras y Adriana Amuchastegui. A ellas se sumaron Verónica Giglio; Angelita Romero de Giglio, Mercedes Yacante, Valeria Giglio, Graciela Giglio, Patricia Giglio y Rossana Giglio.
‘El trabajo de ellas es hermoso, espontáneo, la obra plantea si existe una identidad femenina, los preconceptos sobre la mujer, pone en duda el estereotipo simplificado de la mujer. Esto se basa en un texto que surgió de horas y horas de grabación de sesiones de constelaciones familiares e improvisaciones de temas que trabajamos como la fidelidad, el aburrimiento y la maternidad’, explica Pablo que en su rol de dramaturgo reconoce que la obra tiene aspectos vinculantes con un documental.
La asistencia en dramaturgia fue otro de los pilares de la obra, que estuvo a cargo de Martina Agudo, psicóloga, quien guió el proceso para poder construir personajes en base a la realidad de cada actriz. Son tan reales los roles en esta trama que ella también aparece en escena, como psicóloga.
Varias de las mujeres convocadas para actuar, como su abuela Angelita o su tía Verónica, nunca experimentaron estar en escena, no obstante ninguna puso demasiados obstáculos para animarse a contar historias profundas de sus vidas. Angelita dice ‘para mi fue como revivir. Me llenó de orgullo que Pablo me convocara, me hizo sentir especial. Tengo 70 años y siento que vuelco mi pasión en el escenario, doy todo para que las cosas salgan bien’.
También Verónica Giglio, su tía, es novata en el tema, pero asegura ‘que como la mayoría de los chicos que nos guían tienen experiencia siento que aprendo a cada paso y que me puedo superar. Apenas Pablo me convocó dije que sí y me siento muy cómoda con lo que hago’. Historias de familia que se repiten, que se transmiten, que marcan a cada persona, y mucho más, en esta obra de vanguardia que Pablo bautizó: La Mujer.
