Retrocediendo seis años, sólo el 2005 (especialmente, con más de una docena de pesos pesados como Divididos, Bersuit, Los Ratones, Fito, Vicentico, Attaque, Intoxicados y Catupecu) y el 2007 (Las Pastillas del Abuelo, Árbol, Los Piojos, Attaque, Gardelitos, Kapanga y Charly -en su último show aquí, antes de la debacle-), pisaron fuerte en San Juan, en materia de visitas del rock nacional. En cuanto a cantidad de bandas, superaron en número a las de la movida tropical que llegaron en esos años. Pero luego, la balanza no sólo se fue equilibrando, sino que además de inclinarse para el lado del “mueva, mueva”, fue testigo de un fenómeno que jamás se dio con el rock, ni en sus épocas de gloria: un mismo grupo (preferentemente de cuarteto) puede venir a tocar hasta cuatro veces en un mismo año, y siempre a lleno. El ejemplo más próximo lo dio La Konga, que en 2009 se presentó en abril, septiembre, noviembre y diciembre, en escenarios varios. Sabroso fue de los precursores. En 2005, mientras el rock reinaba, despachó tres shows en Hugo, en febrero, mayo y noviembre. La Barra es otra de las que acostumbra a visitar San Juan más de una vez por año (el año pasado vino en enero y en septiembre). Y Banda XXI hasta se sacó las ganas de hacer dos días seguidos en 2007, ante más de 6 mil personas. Un lujo que el rock estuvo -y está- muy lejos de darse por estos pagos. Mucho menos en los últimos años, donde su presencia estuvo más sostenida por las movidas del Gobierno provincial (como las del 21 de septiembre o la Fiesta del Sol, que también apuestan a la bailanta) y de algunas empresas o instituciones (como el Andes Vivo o UPCN), que por productores particulares, quienes -con menos espalda y no dispuestos a correr el riesgo- se replegaron hasta la excepción.
