Vivió donde los terroristas matan a quienes no piensan como ellos, especialmente a los cristianos. En un lugar en el que ISIS crucifica, decapita y entierra vivos a niños cristianos delante de sus madres. En un país en el que los atentados como el de Francia suceden los lunes, martes y así toda la semana, el mes y el año. Al horror de la guerra de Siria, la hermana María de Guadalupe (43) lo padeció durante años y aunque ahora volvió al país por cuestiones familiares ya está lista para volver. Mientras tanto, brinda testimonio de lo que pasa en esa parte del mundo y da a conocer los padecimientos de los cristianos que mantienen la fe pese a todo. Y hoy, la religiosa cuyana del Instituto del Verbo Encarnada hablará ante cientos de jóvenes durante la VI Jornada Arquidiocesana de Jóvenes.

Nació en Villa Mercedes, San Luis, y a los 18 años ingresó a la familia del Verbo Encarnado. Misionó mucho tiempo en Medio Oriente y en 2011 estaba en Alepo, Siria, cuando estalló el conflicto que empezó como un enfrentamiento entre grupos rebeldes contra el régimen de Bashar Al Assad y se fue agudizando. La irrupción de ISIS elevó la escalada a límites increíbles, con crímenes cada vez más salvajes, que obligan a diario a que los sirios escapen del país.

“Cuando comenzó todo, nos dijeron que podíamos buscar otro destino. Pero quienes nos quedamos teníamos que tener autorización de nuestros padres. Y los míos, pese al temor de que podía morir, respetaron mi decisión y me apoyaron. ’No nos vamos a creer mejores que Dios y pensar que acá te vamos a cuidar mejor que Él allá’, me dijeron. Y me quedé tranquila”, relató.

“La situación más extrema que me tocó vivir fue la caída de un misil a unos metros del obispado donde vivimos. Me salvé porque estaba por salir a la terraza a ver el lavarropas y un sacerdote justo me llamó para hacerme una consulta. Volví y en ese momento fue la explosión. Hubo muchos muertos y heridos, como una estudiante que estaba en nuestra pensión y a quien asistí porque tenía un hierro clavado en su espalda”, recordó.

Guadalupe no conoce San Juan; apenas pasó de largo en un viaje. Pero sí estuvo en Alepo con la hermana Celina Peralta, en 2012 y a quien recuerda con cariño.

“La masacre a los cristianos está abierta desde 2011. Los fundamentalistas entierran vivas a las personas sólo por ser cristianos, incluso a los niños y delante de sus madres. Pero eso no sale en la prensa”, indicó. Caminar con los hábitos de religiosa por las calles de Alepo no debe ser fácil, pues son un blanco demasiado visible para los fanáticos extremistas. Pero Guadalupe confesó que jamás tuvo miedo.

“Corremos el mismo riesgo que todos los cristianos allá. Obviamente que nos cuidamos, pero no por eso dejamos de ir a los hospitales y hacer las actividades de todos los días. Debo admitir que soy muy miedosa, pero allá nunca tuve miedo. Humanamente yo no le encuentro explicación. Oír explotar las bombas, sentir las ondas expansivas o escuchar picar balas cerca es algo que se hace de todos los días y lamentablemente una se acostumbra a eso. Pero es como que Dios nos da una gracia, la misma que tienen los mártires cristianos que viven allá”, dijo.

“Siento que los jóvenes no valoran y agradecen lo que tienen. Es difícil hoy hablar de fe y de moral porque parece que van en contra de la moda, de lo que predica el mundo. Por eso digo que los chicos cristianos en Siria son mártires y ojalá que logren infundir la fuerza y el valor de decir soy cristiano y lo vivo como tal”, cerró.