Sentados en la plaza en compañía de sus padres, los chicos de la zona de Trinidad esperaron la llegada del micro que los trasladó, por segundo día consecutivo, a la colonia. Puntuales y con su mochila lista sabían que estaban a sólo 15 minutos de llegar al lugar de la diversión.

Desde las 8 esperaron el colectivo que se retrasó uno poco porque ante subieron algunos chicos en Villa el Pino y Don Bosco. Sin embargo no desesperaron y subieron tranquilos, mientras que una profesora les tomó asistencia. Casi en silencio el colectivo partió rumbo a la Villa Carolina. Sentados de a dos y con cara de dormido, incluso algunos cerraron sus ojos, los chicos dijeron que no les resultó pesado tener que madrugar.

Unos pocos metros más adelante, el colectivo llegó a la última parada antes del camping. El micro estacionó en la plaza de Villa Carolina, donde los últimos chicos esperaban amontonados y ansiosos. ‘Despacio’, ‘de a uno’, ‘sin empujarse’ decía la profesora que contó uno a uno a los niños mientras subían.

Además besos, abrazos y consejos se escucharon de las madres que acercaron a los chicos hasta la puerta del colectivo. Es más, los papás no fueron los únicos en despedirlos, ya que desde las veredas de la villa los vecinos que abrían sus almacenes o que barrían los saludaron a medida que el micro avanzaba.

DE LA PAZ A LA EUFORIA

Casi llegando al destino final, el colectivo que llevaba a 30 niños y dos abuelos, se dirigió al camping. Una especie de paraíso para los niños que esperaban con más ansiedad que nunca su llegada. Esta necesidad de estar en el camping se debía en parte a la visita de los Reyes Magos y al entretenimiento que conlleva compartir toda la mañana entre juegos y pileta.

Durante el viaje los chicos permanecieron sentados en sus asientos. Al parecer el haberse levantado cerca de las 7 de la mañana les estaba pasando factura. Sin embargo 15 minutos bastaron para llegar al camping el Círculo de Oficiales y por sobre toda las cosas perder la calma que traían dentro de la movilidad.

Así, cuando se abrió la puerta del colectivo todos amontonados quisieron bajar para entrar a la colonia, lugar donde los esperaba la verdadera alegría.