Cuando Jorge Lara era chiquito, comenzó a padecer agresivas convulsiones que afectaron dramáticamente su calidad de vida. Lo llevaron a distintos especialistas pero los pronósticos no eran buenos y lo peor, las convulsiones habían llegado para quedarse. Por eso su madre le pidió desesperadamente a San Expedito que si sanaba a Jorge, él iba a venir de por vida a dar gracias, cada fiesta patronal, contaron.
Hoy Jorge tiene 30 años y cumple a rajatabla el ritual anual, emocionado hasta las lágrimas y con sus dos hijos en brazos. ‘Lo que le pasó fue muy fuerte y por eso se emociona cada vez que viene. Él tiene asumido que va a venir a San Expedito hasta el último de sus días para agradecer que nunca más sufriera una convulsión. Al principio venía con su mamá, luego nos pusimos de novios y empezamos a visitar el santuario juntos y ahora que estamos casados y somos padres, venimos en familia’, relató Gabriela, la esposa.
Los Lara viven en Santa Lucía y todos los años viajan en una combi que realiza traslados especialmente a los fieles de San Expedito. Ayer salieron a las 3.30 de la mañana y permanecieron todo el día en Bermejo, para volver a casa recién tras el final de la última misa.
‘Jorge, desde que nacieron Alex y Emir, entra a la capilla con ellos en brazos y le reza a San Expedito. Y cuando los chicos sean más grandes, la idea es que también vengan todos los años, manteniendo la promesa de la abuela’, dijo Gabriela.