El coronel argentino retirado Manuel Dorrego rompió su silencio para revelar detalles sobre los campos minados en 1982, que aún se mantienen prácticamente intactos.
Dorrego conserva fresca en su memoria la llamada del general Mario Benjamín Menéndez con un pretexto ficticio para convocarle a una reunión en la que fue informado del plan de la Junta Militar de invadir Malvinas, bajo dominio británico. Dos días después partió hacia el archipiélago como secretario de Obras Públicas del gobierno provisional, que duró apenas dos meses.
Fue el encargado de abrir caminos sobre la difícil geografía isleña, facilitar el abastecimiento de agua y de electricidad y de minar el territorio. Aún recuerda su sorpresa cuando descubrió que los ingleses ya tenían zonas minadas antes de la guerra ‘en toda la costa‘.
Para sembrar un campo de minas ‘hay que ser muy cuidadoso‘, explica, y elaborar un detallado registro sobre la ubicación, con mediciones exactas, para garantizar la seguridad del ejército propio. Desde su posición en el alto mando, pronto se percató de que la derrota era segura, pero siguió instrucciones y sembró de minas el territorio hasta el último momento en un intento desesperado por frenar la avanzada británica.
En conjunto, estima que se sembraron entre 15.000 y 20.000 minas antipersonales y antitanques en las islas. Tras la derrota, entregó al mayor británico Roderick Mac Donald los registros de los campos minados y los detalles necesarios para su remoción.

