Teresa Merlo vivía con su esposo, Estanislao Vargas, en un rancho en la zona de Agua del Conejo, en Angaco, cerca del límite con Jáchal y Valle Fértil. Él era hachero y ella se encargaba de atender a los animales, de hacer las tareas domésticas y de tener comida caliente para los arrieros que pasaban por allí. Cuentan que el 8 de septiembre de 1908 la mujer, estando embarazada, fue a llevarle comida a su marido y cayó en una barranca, golpéandose en el vientre. El hombre la encontró tirada y agonizando. Quiso llevarla al médico, pero las ruedas del carro se enterraron y no pudo moverse del lugar. Ante de morir Teresa le pidió que la enterrara en ese sitio. Años más tarde, unos parientes cavaron la tumba para corroborar que estaba allí. Encontraron el cuerpo en perfecto estado de conservación. La volvieron a enterrar y levantaron un oratorio donde la gente concurre para pedirle una bendición.