Preguntaban todo. Si el cerro era alto, qué apariencia tenía, cómo eran las piedras, si tenía arbustos, qué había del otro lado. Con las descripciones de los guías y luego con la posibilidad de tocar, palpar, de sentir el cerro, se quedaron más tranquilos. Pero fue un rato, porque aún quedaba una larga jornada entre árboles y pasto. Un grupo de chicos ciegos y disminuidos visuales del Club Puertas Abiertas y de la escuela de educación especial Luis Braille realizó ayer una jornada recreativa en las sierras de Marquesado y en el Jardín de los Poetas, que tuvo como fin vivenciar experiencias distintas, sacarlos de sus medios habituales y tratar de que tengan la sensación de libertad que genera el contacto con la naturaleza, explicaron los organizadores.
La actividad fue una iniciativa de la Dirección de Deportes de la Municipalidad de la Capital, que trabaja con personal especializado en el club Puertas Abiertas y la Escuela Braille. Fueron 14 chicos de 8 a 19 años y 6 adultos que integran los talleres de la Braille, de 30 a 52 años. Hubo un desayuno campestre, con leche, galletas y budín, bajo los árboles y luego hicieron un trekking, siempre bajo el cuidado de los profesores de educación física y los docentes, en los cerros que cobijan al autódromo El Zonda-Eduardo Copello. ‘Fue muy fuerte para ellos poder caminar entre las piedras, tocar la montaña, tratar de conocerla a través de sus otros sentidos. Estaban fascinados’, confesó Cecilia Sánchez, una de las profes.
Luego, ya de vuelta en el Jardín de los Poetas, tanto los chicos como los adultos se prendieron en los juegos, como completar un circuito siguiendo el sonido de los aplausos o jugar al fútbol con una pelota que tiene cascabeles. La pausa llegó con el almuerzo, sandwiches de milanesa con gaseosa, y la promesa de repetir la salida antes de fin de año.

