Por un lado, una veintena de bomberos y policías trabajando arduamente sobre la ruta para extraer los cuerpos de entre los hierros retorcidos del auto. Y por el otro, una escena llena de dolor, con ojos repletos de lágrimas, con insultos envueltos de impotencia: eran los familiares de Sergio Aliaga, Cristian y Ricardo Agüero, Fernando Aballay y Fernando Valdivia, los obreros que perdieron la vida en el tremendo accidente de ayer en la mañana y que eran parte de una misma familia. Entre los parientes de los fallecidos no había consuelo. Y es que los cinco eran parientes, directos o políticos, como Fernando Valdivia, quien hace años se había casado con una hermana de los Aliaga, pero después se separaron. El hombre rearmó su vida y desde hace un par de años trabajaba en la metalúrgica. Por otro lado, Cristian y Ricardo eran primos de Sergio. Y Aballay, era cuñado de los Aliaga. Con el correr de los minutos, parientes y amigos se arrimaban al lugar. Algunos caminando lentamente, cubriendo su boca ante la terrible imagen sobre el asfalto. Otros, corrían desesperados, shockeados. Los que podían hilvanar alguna frase, daban testimonio a los medios. Tampoco faltaron los curiosos, que casi de una manera morbosa buscaban “el mejor lugar” para tratar de ver alguno de los cuerpos mutilados. Quizás la imagen más elocuente del dolor, fue la de Isabel Aliaga, madre de los Agüero y tía de Sergio, que empapada en lágrimas y aferrada de un brazo a uno de sus hijos, miraba hacia el cielo y reprochaba: “si mis hijos hubieran sido malos, seguro estarían vivos”. Por Raúl Tapia/ Diario de Cuyo
