En toda transformación hay pérdidas y ganancias, y seguramente estamos yendo hacia una nueva percepción de la vida más realista en cuanto a lo incierta y frágil que es, cuando muchos de los valores anteriores se apoyaban en una idea errónea e ilusoria. Ahora, en esta transición, al perderse ciertas seguridades y garantías, se está perdiendo también el sentido, el para qué hago lo que hago si, en definitiva, nada permanece.
<BF>Para Gulí: <XB>"Allí donde hay jovencitos que descreen del título de la secundaria o de los beneficios de un trabajo, habría que orientarlos a que busquen la realización en concretar su esencia, que aprendan a hacer aquello que más les gusta, en serio. Claro, lo bueno sería que les guste algo’, apunta.
<BF>Para Liliana Mayer,<XB> socióloga y master en Investigación en Ciencias Sociales (UBA – Conicet), "Mientras duró el Estado de Bienestar, la escuela estaba articulada a un entramado social más amplio, que suponía que una vez terminado el proceso de aprendizaje los jóvenes accederían a algún trabajo digno. Inclusive para quienes quedaban excluidos de las instituciones educativas, existían mecanismos paralelos de integración social. Esta situación permitía pensar en diferir la satisfacción, en pos de un sacrificio que redituaría en algún futuro cercano. Esto no es lo que sucede con muchos jóvenes en este momento para quienes no hay futuro. En este sentido hay que aclarar que el abandono escolar está relacionado con las relaciones de clase y
económicas y que se expresa con mayor intensidad en los sectores populares’.
Y agrega: "Esto habla de los problemas que atraviesan las instituciones educativas para relacionarse con los nuevos alumnos, y también de la dificultad de sostener una rutina de sacrificio en pos de un futuro mejor, cuando no se vislumbra futuro alguno. Entonces la rutina escolar no sólo se vuelve poco atractiva e intolerable’.
<BF>Mg. Ricardo Coca, "<XB>En cualquier caso, estos índices hablan de una crisis de cohesión social, y de la necesidad de profundizar en la intervención de un Estado benefactor, aún con todas las críticas que se puedan hacer al caso argentino.
Creemos y trabajamos para hacer una escuela secundaria distinta. Que respete los valores de los jóvenes, que los escuche, que se deje interpelar y se sitúe en el punto de vista de ellos. Una escuela que consolide la autoridad de los adultos, porque sin esa autoridad no hay aprendizaje ni hay institución. Una escuela que tenga normas que cumplan todos, docentes y alumnos. Una escuela donde se respete la asimetría del vínculo pedagógico, pero se defienda
la absoluta igualdad del vínculo humano. Queremos una escuela exigente, donde se aprenda para el trabajo y la vida.
Esta es la escuela que anhelamos construir y defender entre todos: el Estado, los docentes, y los alumnos, los padres, la sociedad entera’.