Desde hace décadas en estas páginas se esgrime la necesidad de potenciar el sector caprino y ovino provincial pero con ecos muy escasos como lo fue en su momento la Ley de Provincial de Caprinocultura Nº 7.749 del 2006, incluyéndose en el mismo la adhesión provincial a la Ley Nacional respectiva. Esta normativa recién comenzó a aplicarse el año pasado, aunque en una cuarta parte de su potencial.

Mientras tanto el sector caprino y el ovino provincial padecen el mismo perfil:

1. Necesidades Básicas Insatisfechas. En algunos “puestos” los propietarios y /o responsables soportan condiciones infrahumanas de vida. (No cuentan con servicios básicos de agua potable, energía eléctrica, asistencia médico – sanitaria).

2. Carencias educativas.

3. Falta de Asistencia estatal.

4. Falta de Capacitación empresarial.

5. Falta de Capacidad Financiera y Físicas para enfrentar nuevos proyectos.

6. Barreras Culturales elevadas para creer en nuevos programas de promoción social y oportunidades de negocios.

Este panorama desalentador encuentra parte de su explicación en el hecho de que en general quienes desarrollan esta actividad productiva, se desenvuelven en parajes alejados de los grandes centros de consumo urbano en una situación de semi aislamiento comunicacional y padeciendo el hecho de tratarse de un conjunto de localidades terminales en el esquema vial argentino.

Esta situación sin resolver durante décadas a desembocado en el distanciamiento cultural y tecnológico de los productores caprinos en particular respecto de sus pares del país y el mundo.

Evitar la emigración

En este punto del análisis, es importante destacar que también la realidad demográfica de muchos de los puestos visitados se ha visto resentida mediante la emigración de sus habitantes a los grandes centros urbanos fundamentalmente por parte de los jóvenes que no encuentran en su suelo natal, posibilidades ciertas de sustento y crecimiento personal.

Es importante reconocer que además padecen problemas empresarios comunes al resto de los empresarios argentinos, agravado por la falta de visión integral de una actividad que permite generar múltiples ingresos de la leche, carne, guano, cuero, turismo y artesanías.

De esta manera el esquema de desarrollo de la actividad caprina de la mayor parte de los puestos caprinos detectados se resuelve en un círculo vicioso que comienza con caracterizado entre otros aspectos por escasos volúmenes de producción u oferta comercial atractiva, también escasa disponibilidad de tierras y agua para cultivo que permitan mejoras sustanciales en la alimentación del ganado en base a la agricultura y falta de inversión en el mejoramiento genético de las majadas, sujetos a prácticas culturales poco productivas.

En muchos casos se detectó la falta total de medidas elementales de profilaxis y genética, que posibilitan la aparición de enfermedades como la brucelosis y la aftosa, con elevadas pérdidas en las pariciones y su consecuente traducción en la merma de la calidad de los animales por consanguinidad y falta de corrientes de sangre nuevas. Todo esto por ignorar el valor económico que representa la explotación racional del ganado menor en las zonas marginales. En otros los criterios tomados para la selección de los reproductores son errados, persistiéndose en una sistema de crianza comparable a la ganadería sanjuanina de principios del pasado siglo.

Frente esta realidad se contraponen al éxito cooperativo de Fecoagro y de la empresa de la familia García Belmonte, Lácteos Artesanales. Cabe destacar entonces la urgente necesidad de implementar a nivel provincial un esquema integral de promoción de la actividad, como el señalado por la normativa legal, que contemple además de los aspectos veterinarios, el social y educativo, el desarrollo de pasturas naturales y artificiales y el comercial.