“Me propongo demostrar que se puede hacer una audición radiofónica de verdadera trascendencia nacional, sin necesidad de apelar a esos recursos a los que nos tienen acostumbrados quienes no tienen nada que decirle al oyente, tales como ofrecer premios o sobornar de un modo u otro al público de los estudios (que por otra parte siempre es el mismo), comprometiendo su aplauso”.
