Verlo dormir panza arriba en el medio de la vereda era común. Mientras que escuchar sus ladridos, cuando el semáforo daba verde, también era una característica de él. De esta forma, y siendo muy cariñoso en algunos momentos y guardián en otros, Cachi se ganó el amor de muchas personas. Así, se convirtió en un emblema de la esquina de Mendoza y Mitre, el mismo lugar donde el Día del Animal apareció muerto. Los taxistas y los vecinos dicen que el perro fue envenenado.
El 29 de abril no fue un día de festejo para el callejero. En la mañana temprano, los empleados de limpieza del bingo de la misma esquina lo encontraron tirado dentro de la taza de uno de los árboles. Desesperados, llamaron a la Municipalidad de la Capital para que lo atendieran, pero ya era tarde, el perro había muerto envenenado.
La historia de Cachi, Toby o Cachivache, los nombres a los que el perro respondía, no tiene una fecha exacta de comienzo, ya que nadie sabe cuándo adoptó la esquina céntrica como su hogar. Según los cálculos de taxistas que paran en esa intersección, Cachi vivía ahí desde hacía cerca de 10 años.
No era un perro de raza, y la tierra en su pelaje hacían notar que la calle era su lugar. Mientras que su pegoteado pelo atigrado (marrón y negro) y su carita de tierno a la hora de recibir comida donada eran su marca registrada. Así el perro era cuidado por los vecinos o los comerciantes de la zona. Sin embargo sus fieles compañeros eran los taxistas y los diarieros de la esquina. Y a pesar de que el animal tenía muchos amigos, también había gente que no lo quería, sobre todo los ciclistas o los motociclistas. Es que todos los días eran víctimas de sus ladridos y correteadas. Ahora, todos los que lo cuidaban dicen que lo extrañarán.

