Las estrofas de Volveré Siempre a San Juan, sirvieron como bienvenida para los visitantes. Después, oyeron sambas, una cueca, un gato y, la frutilla del postre: una tonada. Todo interpretado por los integrantes del Dúo Díaz Heredia, quienes estaban con sus guitarras parados delante de las viñas y con la inmensidad de los cerros de fondo. En ese contexto, los turistas se animaron hasta a pedir temas a la carta, aplaudieron aún antes del final de cada tema y, ya contentos, se dispusieron a degustar el vino local. Así, familias de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Catamarca y también de San Juan disfrutaron su paseo por la bodega pocitana Las Marianas, una de las integrantes de la Ruta del Vino que ofrece música y degustaciones a los turistas durante este fin de semana largo.
El grupo ya tocaba cuando los turistas ingresaron a la galería de la bodega. Y la gente se sorprendió al verlos de golpe y se dispuso a escucharlos en silencio. Sin demasiado preludio, los músicos comenzaron a tocar el repertorio preparado para la ocasión, integrado por temas de distintos géneros folclóricos que iban anunciando antes del inicio de cada estrofa.
Para su sorpresa, en uno de los interines fueron interrumpidos por un señor del público. Ismael Figueroa, un cordobés de 78 años que estaba acompañado por sus hijos, yernos y nietos, levantó la mano y dijo: “¿Pueden tocar Virgen de La Carrodilla? Es que cuando éramos jóvenes, mi esposa y yo veníamos a San Juan y a Mendoza a cosechar uva y la aprendí”.
Sin dudarlo, los músicos prepararon sus guitarras para cumplir con el pedido e incluso invitaron al cordobés al escenario para formar un trío que terminó siendo ovacionado por todos los presentes. Con la misma intensidad fue aplaudida la tonada que llegó después, que fue presentada por los cantantes como “un género que tal vez ustedes no escuchen en sus provincias, pero que caracteriza a Cuyo y nos enorgullece”. Ellos pensaron que ese sería su tema de despedida, pero otra de las visitantes pidió un tema, esta vez fue San Juan por mi sangre, una canción que los pocitanos entonaron con emoción mientras sus voces se mezclaban en el ambiente con el aroma del vino.
Un Syrah joven acompañado con panes saborizados coronó la reunión y terminó de dibujar sonrisas y generar palabras de agradecimiento de los visitantes.

