Sin lugar a dudas, estudios médicos llegan a la conclusión que el estrés es determinante en algunas enfermedades. Estos son algunos ejemplos.

.Favorece la aparición de colesterol alto y presión arterial elevada. Lo que puede tener como consecuencia enfermedades cardiovasculares.

.La reacción del estrés libera azúcar que normalmente está almacenada en el hígado provocando diabetes y por otra parte, la adrenalina (hormona del estrés) inhibe la función de la insulina, que es la hormona faltante en esta enfermedad.

.El 40 por ciento o más de todos los trastornos de la piel y afecciones cutáneas están asociadas al estrés. Van desde prurito simple hasta urticaria, acné, alergias, herpes, psoriasis, entre otros.

.Las úlceras gástricas también son un factor desencadenante del estrés.

.El estrés baja las defensas del sistema inmunológico, por lo tanto es común que las personas sufran con frecuencia resfríos, estados gripales y anginas.

.Algunas investigaciones médicas revelan que hay una relación directa entre el nivel de estrés que padece una persona y las posibilidades de tener cáncer.

.En algunos casos, la incapacidad para afrontar el cuadro de estrés lleva a ingerir alcohol y tabaco para aliviar la tensión emocional. Algo parecido sucede con la ingesta de tranquilizantes automedicados.

.El estrés y las frustraciones que provoca, conlleva a padecer depresión.

.Así como la ansiedad y las exigencias diarias generan estrés, también tienen como consecuencia el insomnio.

.La tensión física y psicológica que genera el estrés tiene vinculación directa con la contracción de músculos, produciendo dolores de espalda, molestias en el cuello y cefaleas.

.El estrés afecta tanto a la sexualidad masculina como femenina, originando impotencia, eyaculación precoz, frigidez, pérdida de confianza y deterioro del placer sexual, infertilidad.

.Si bien los niveles apropiados de estrés y a corto plazo, vuelven a la persona más productiva, veloz, creativa y comunicativa por la “adrenalina” que genera, en el largo plazo el sistema se agota y lleva a un estado de fatiga generalizado, a nivel físico y mental, que es difícil de recuperar con el descanso cotidiano. A ello se suma la dificultad para concentrarse, la lentitud y duda para tomar decisiones, mayores probabilidades de cometer errores y de accidentarse.

Fuente consultada: “Estrés y coaching profundo. Para pasar de víctima a protagonista de la vida” del Dr. Daniel Sidelski.