Mohamed Mursi, que en junio de 2012 se convirtió en el primer presidente elegido democráticamente en Egipto, había prometido antenoche y ayer quedarse en el poder a cualquier costo y rechazado un ultimátum de 48 horas que le había dado el Ejército para llegar a un acuerdo político con la oposición.
El derrocado mandatario denunció que la crisis política y las protestas contra su gobierno estaban instigadas por remanentes del antiguo régimen de Hosni Mubarak, el autocrático mandatario que lo precedió hasta que su gobierno de 30 años fue derrocado por una revuelta popular en febrero de 2011. El anuncio del Ejército, que se consideraba inevitable tras el discurso en el que Mursi rechazó dimitir, llegó respaldado por destacados líderes políticos y religiosos, con los que del Ejército trató de escenificar el respaldo popular con el que cuenta su medida. Todos ellos justificaron su apoyo a la salida del presidente como única medida para evitar el derramamiento de sangre y preservar la estabilidad del país.