Ni bien la banda comenzó a hacer sonar las trompetas, redoblantes y platillos, los colores inundaron la avenida Ignacio de la Roza. Los más chicos, que esta vez fueron más que en otras procesiones, abrieron la danza. Seguros y luciendo sus llamativos atuendos, siguieron el ritmo a la perfección. Así, en pocos minutos, más de dos cuadras se llenaron de danzantes que salieron a homenajear a la Virgen de la Candelaria, Nuestra Señora de Copacabana. La fiesta, que tuvo una cifra récord de más de 20 grupos de danzantes, se realizó ayer al mediodía en la Catedral. Pero la celebración siguió por la tarde en el templo de Rivadavia.

La que organiza la comunidad boliviana en San Juan, es una de las procesiones más llamativas. Los danzantes ponen todo a la hora de bailar pero también al realizar los trajes. Este año, los colores, que fueron desde el naranja hasta el rosa fuerte, pasando por el verde, fue lo que más llamó la atención. Plumas, lentejuelas, brillo y muchos instrumentos musicales hicieron que la gente que pasaba por el lugar se detuviera a presenciar el espectáculo. Mientras los varones pisaban fuerte, haciendo sonar los cascabeles que habían colocado en sus botas, las mujeres meneaban la cintura al compás de la música. Los espectadores no dudaron en registrar esta postal con sus celulares.

Vehículos cubiertos con mantas tejidas al telar con objetos que las distintas familias de la comunidad boliviana habían colocado a modo de ofrenda, abrieron la procesión por avenida Ignacio de la Roza. Más de 300 danzantes recorrieron la calle mostrando todo lo que saben hacer. Destreza, resistencia, alegría y devoción fue lo que pudo observar la gente que presenció la procesión.
Esto fue luego de que monseñor Alfonso Delgado celebrara la misa y acompañara a la imagen de la Virgen desde el altar hasta uno de los vehículos que la llevó hasta su santuario de Rivadavia.
Los danzantes eran sanjuaninos pero también llegaron desde Mendoza y San Luis. La fiesta hasta la noche.