Aquí, en Belo Horizonte, todos se enorgullecen en decir que el fanatismo por el vóleibol no tiene barreras. Pues bien, parece que no es tan así. Porque, en lo que va del torneo (dos jornadas) poca gente se ha presentado para ver los partidos en el grandísimo “Mineirinho”. ¿Será que los brasileños están pensando en otro cosa? En referencia lógica al Campeonato Mundial de fútbol que se viene prácticamente en un mes. Si esa es la causa, es entendible. Porque en Brasil el fútbol es el deporte número uno y, pese a que el vóleibol sigue en preferencias, la “causa” no tiene nada que ver. Los lugareños estiman que el Mundial de Vóleibol empezará a tener ebullición en las semis. Es como que saben que su equipo (el Sada Cruzeiro) recién desde ahí necesitará de mayor apoyo. Encima, en un escenario tan monstruoso como el Mineirinho, que vayan más de 5.000, no sirve ni para mostrar las tribunas ocupadas. La ciudad vive su frenesí tradicional. Es casi imposible andar en auto u otra movilidad en las horas pico. Van y vienen como robot. Todavía a las cercanías del Lago (donde están los estadios) muchos no se han acercado. Si cambia el panorama habrá que darles la razón a aquellos que dicen que gozarán lo mejor. Que así sea.