Los techos altos, los ventanales grandes, los pilares con molduras, una torre. Todo lleva a años remotos. Años que son difíciles de encontrar en las construcciones sanjuaninas, ya que todos los rasgos de esos tiempos fueron borrados por el terremoto de 1944. Estoica y sin ningún tipo de marcas de esa catástrofe, sobrevive la casa perteneciente a la familia González Aubone, ubicada en la esquina de General Acha y San Francisco del Monte, en Trinidad. Como ese antiguo edificio, otras construcciones de la época permanecen en pie, como testimonio de una época borrada, en esa localidad capitalina que hoy será homenajeada con una fiesta.

"La Trinidad divina protegió esos lugares", dice haciendo referencia al terremoto del 15 de enero de 1944 Guido Iribarren, encargado de escribir la historia de Trinidad para que sea leída en la fiesta que busca poner en valor el patrimonio intangible de la localidad de Capital (ver aparte).

La calle Tucumán hacia el Sur muestra un panorama diferente de la ciudad, con edificios antiguos de ventanales altos y veredas angostas. Una escena similar, que parece estar fuera del tiempo actual, es la que se ve en la calle Mariano Moreno y Entre Ríos, donde está la fábrica de fideos Yanzón. Esta casa, tradicional en la época anterior al terremoto por ser proveedora de fideos de todo San Juan, logró continuar con su actividad hasta hoy en el mismo edificio, que conserva las características de aquel momento.

Trinidad fue el lugar que contuvo también la única iglesia que quedó en pie en la Capital con aquel movimiento sísmico. Se trata de la Iglesia María Auxiliadora, que si bien hoy tiene un aspecto diferente y fue modificada, logró soportar el movimiento y ser sede de todas las personas que necesitaron un refugio espiritual después de la tragedia.

La más impresionante de las estructuras sobrevivientes es la de la esquina de General Acha y San Francisco del Monte. Es que además de conservarse exactamente como fue creada en 1918, posee características y detalles que combinan un estilo italiano y francés y una mezcla de materiales europeos y argentinos. Los vidrios de las ventanas hechos con la técnica del vitró y los balcones que rodean la casa son lo que más llama la atención. El jardín, con palmeras y una araucaria, que fueron plantados cuando se construyó la mansión, rodean una tradicional glorieta. Todo se ve perfectamente mantenido y no parece que sus paredes se hubieran movido por el terrible terremoto. Su dueña, María Nydia González Aubone, nieta de Saúl Aubone, quien construyó la casa, asegura que el edificio está intacto desde su creación y que sus cimientos, levantados hace más de 90 años, son totalmente sismorresistentes.

Al lado de la casa, permanece la bodega de la familia, reconocida por los vinos que supieron ser carta de presentación sanjuanina desde 1916 hasta 1989. Y que, a pesar de no estar en funcionamiento, muestra sus paredes tradicionales en perfectas condiciones, sin siquiera una grieta.

Así, Trinidad es uno de los únicos espacios del Gran San Juan que puede dar testimonio de la vida sanjuanina previa al terremoto del ’44.