Cubiertos de tierra, algunos están desarmados, a otros le faltan piezas. La tipografía de madera todavía está en su posición como si esperara impregnarse en el papel nuevamente. Guardados bajo las viejas tribunas del estadio abierto, que serán demolidas dentro de poco, están los tesoros más preciados del Boletín Oficial. Se trata de maquinara centenaria con la que la imprenta empezó a funcionar el 5 de septiembre de 1916. Algunos de estos aparatos todavía funcionan, pero otros están desarmados y hay que restaurarlos. Ahora, que la repartición se mudará, embalarán este patrimonio para preservarlo. La idea es armar un museo con la historia gráfica de la provincia.

Con la actuación de Ricky Martin en la Fiesta del Sol pasada, el Boletín tuvo que hacer todo un movimiento. Por eso, parte del archivo y las máquinas que no se usaban quedaron en un galpón que se construyó bajo las tribunas que dan al Parque de Mayo. Hay una guillotina que tiene más de 50 años, la linotipo de la década del ‘70 y hasta las máquinas en las que imprimieron y cortaron los votos para las elecciones de la vuelta de la democracia, en 1983. Pero la niña mimada es una máquina rayadora de madera, que según los datos que maneja Fernando Conca, el director del Boletín, la trajo Domingo Faustino Sarmiento. Y cuando abrió la imprenta del Estado, la empezó a usar.

Dicen que Sarmiento la usaba para confeccionar cuadernos para las escuelas.
El Boletín Oficial se creó para publicar leyes, decretos y todas las actividades relacionadas al Gobierno. Para que cualquier acto de gobierno sea legitimo y se pueda aplicar, se necesita que figure en esta publicación. Comenzó a funcionar por calle Sarmiento, entre Libertador y Laprida, donde hoy está el Ministerio de Turismo. Pero el terremoto del ‘44 arrasó con todo y se tuvo que mudar a su actual locación, al fondo del estadio abierto, frente al Parque de Mayo. Según contó Mario Alvarez, que lleva más de tres décadas en esta repartición y es uno de los que más conoce la historia del lugar, con la rayadora de Sarmiento hicieron libros de gran tamaño. Estos fueron usados en la administración pública, para asentar datos, como por ejemplo del Registro Civil. La máquina estuvo funcionando hasta hace poco tiempo, hasta que fue reemplazada por las automáticas. Ahora está cerca de los baños de la repartición. La idea es desarmar las piezas y guardarlas hasta que puedan exponerse en un museo.

“No podemos dejar que la historia desaparezca. Sería bueno que los niños tuvieran la oportunidad de ver cómo se imprimía en el siglo XX”, dijo Fernando Conca. Otro tesoro es el ejemplar más viejo que se conserva y que data de 1919.

Trabajar en el Boletín no fue una tarea fácil. Los empleados más antiguos recuerdan la manipulación del plomo y el papel. Contaron que muchos se enfermaron y no pudieron seguir trabajando. Ahora la tarea es diferente. Está sistematizada y computarizada. Lo que todavía se hace de manera artesanal es el cocido y encuadernado de los libros.

“Por algo se llamaban artes gráficas. Había que ser creativo y tener las letras en la cabeza. Ahora está todo programado”, aseguró Alvarez, otro de los empleados. Mientras que Argentino Pizarro, jubilado, dijo “ojalá que todos puedan ver estos tesoros”.