Al observar el mapa, parecen estar al alcance de la mano. La distancia entre las Islas Malvinas y Río Gallegos es similar a la que hay entre San Juan y Córdoba. Están tan cerca, pero a la vez tan lejos. La brecha cultural es demasiado extrema como el clima malvinense. En las islas sobra el trabajo, y a pasar de que la vida no es barata, nadie pasa necesidades. Las construcciones son similares: casas de madera con techos a dos aguas muy coloridos. No existen las rejas y la inseguridad es algo tan ajeno para los isleños como el desempleo. Trabajan en equipo y se cuidan. Es algo similar a una fortaleza en la que cada uno de los 3.000 isleños se conoce a la perfección. Malvinas tiene menos habitantes que Zonda, el departamento sanjuanino con menor población de la provincia.

Allí no hay nada argentino. Todo está escrito en inglés y es una tarea imposible comprar un souvenir que no tenga la inscripción de Falkland. Decir “Malvinas” en Malvinas, puede ser una ofensa. Para los isleños el pueblo se llama Falkland Islands. Saben que los contingentes de excombatientes son una constante y son bien recibidos. Tanto así que el comisario del pueblo tiene por costumbre realizar una visita a los que llegan por primera vez. En una charla cortés explica qué se puede hacer y qué no. Si bien la circulación es libre, aclara que hay más de 88 sitios que están minados y que no es aconsejable desplegar banderas argentinas ante los isleños.

Las calles son angostas y limpísimas. Casi no hay movimiento. Tampoco hay cines, teatros ni shopping. La jornada laboral comienza a las 8 y termina a las 5. Luego, es usual una pasada por el bar, ritual válido tanto para los hombres como para las mujeres. No existe la droga, pero el alcoholismo empieza a preocupar.

La educación es gratuita, al igual que la salud, y cuando se termina el ciclo básico de la secundaria, el Gobierno envía a los jóvenes a estudiar a Inglaterra. Malvinas atraviesa una bonanza económica. Los crecientes ingresos provienen de la pesca, que representa el 40%; la lana, el 10% y el turismo el otro 50%.