Como si estuvieran sobre la ola más alta del Atlántico, se desplazan sobre la tabla a gran velocidad mientras zigzaguean. Contornean su cuerpo, flexionan las piernas, estiran los brazos y los mueven haciendo ondas, todo para mantener el equilibrio. Sin embargo, el paisaje que los rodea es la montaña y en vez de estar en el agua muestran su destreza sobre el asfalto.

Se trata de un grupo de personas que practica longboard, una disciplina que se desarrolla usando una especie de patineta más largas que las comunes, lo que permite alcanzar importantes velocidades.

Los hombres, de entre 20 y 30 años, se juntan en la entrada del Del Bono Beach, en el Dique de Ullum, espacio que transformaron en su pista deportiva. Es que es un camino que tiene una importante pendiente a lo largo de unos 500 metros. Esa bajada les permite alcanzar velocidades de entre 40 y 50 kilómetros por hora, aproximadamente.

Los longboardistas cuentan que lo mejor de ese deporte es la adrenalina que genera la velocidad y que no tiene demasiada exigencia física.

En general, quienes practican longboard en San Juan usan estilos libres para deslizarse. La mayoría combina el movimiento con la práctica del slinding (derrape). Se trata de una técnica utilizada para frenar cuando se deslizan a la máxima velocidad. Lentamente se agachan, arquean su espalda hacia atrás y frenan poniendo sus manos en el suelo. Para eso, el uso de los guantes es fundamental.

Se trata de guantes especiales, que tienen una especie de plástico en la palma de las manos. Si bien se pueden comprar, los deportistas sanjuaninos prefieren fabricarlos. ‘Compramos esos guantes de lana con gomas en los dedos que sirven para trabajar o los de descarne y les pegamos el material. Así nos ahorramos unos pesos‘, contó Federico Pereyra. Es que, además de ese elemento de protección deben comprar como cascos, rodilleras y coderas. Sin contar que la tabla cuesta entre 800 y 2.500 pesos, dependiendo de la calidad de cada longboard, que tiene una vida útil de entre 6 meses y un año.
Entre los grupos usar la tabla es tan normal que, algunos la utilizan como medio de transporte. ‘Más allá de hacer trucos para mí el longboard es un colectivo. Yo voy en él a todos lados gratis‘, comentó Mariano Ortiz.
Si bien no tienen un día o un horario preestablecido, los domingos por la tarde el deporte se vuelve más popular. El grupo se reúne, se calza los cascos, sube a la tabla y muestra su gracia durante unas 5 horas. Mientras, se escucha música que sale desde los autos. Entre sus preferidas están las canciones de Red Hot Chili Peppers, pero los ritmos de marcha también les vienen bien.
La vestimenta que utilizan es normal, jean y remeras de algodón. Más que la ropa, lo que más los une estéticamente son los raspones, sobre todo en sus piernas y brazos, consecuencias de algún derrape que salió mal. Mientras que, lo que varía es el diseño de las tablas. Es que cada deportista la tunea según su gusto. Las hay con rayas de colores, inscripciones y hasta con dibujos, todo hecho con aerosoles, acrílico o ploters.
Semana a semana, los longbordistas son cada vez más, hoy llegan a juntarse unos 70 chicos a practicar. Además, el deporte pegó tan fuerte que ya se están prendiendo algunas chicas. Así, el longboard promete transformarse en una práctica cada vez más habitual en las pendientes de calles sanjuaninas.