Juan Pablo Escudero tiene 16 años, un retraso mental y hace un año egresó de la Escuela de Educación Especial Múltiple de Pocito. En la actualidad no puede volver a la escuela por su edad y por eso dedica su tiempo a criar conejos para vender. De esta forma, sueña con reinsertarse en el sistema educativo, se las rebusca para no aburrirse. Al igual que Juan Pablo, otros 29 chicos discapacitados que terminaron la escuela, montaron pequeños emprendimientos productivos en sus casas, mientras esperan que se les habilite un taller de panadería, del que ya tienen todos los accesorios. Estos pocitanos venden desde huevos que obtienen de la cría de gallinas y hasta hacen artesanías en madera.
Como si fuera empleado de un criadero, Juan Pablo cumple a rajatabla con su trabajo. Limpia las conejeras, controla que los animales no se queden si agua y les da de comer. De esta forma, sus papás lograron que el chico no entre en un estado depresivo. Es que, desde que egresó de la escuela espera que abran un taller de jóvenes que les prometieron hace más de un año.
‘Se entusiasmó con los conejos y ahora es como su trabajo‘, dijo Mariela Cáceres, la mamá del joven. Es que cuando salió de la escuela, se aburría y lo único que hacía era ver televisión o estar en la calle.
Una historia similar, pero con otro trabajo, es la que vive José Echegaray, también con retraso mental. Este joven alimenta pollos, junta los huevos de las gallinas y los vende por el barrio. ‘Así se mantiene ocupado y no pregunta tanto cuándo va a volver a la escuela‘, dijo Verónica Amaya, la madre que se mostró orgullosa porque José ya aprendió la importancia que tiene hacer alguna actividad. Y como si los pollos y los huevos fueran poco, José comenzó a plantar ajo para vender.
Lejos de criar animales, pero con el mismo espíritu, Marilín Lara (17), también discapacitada, dijo que en las tardes pinta sobre madera. ‘Está aprendiendo a hacer artesanías con papel‘, dijo la mamá, que tuvo que dejar su trabajo porque no tiene quién la cuide.
PROMESAS DE TALLER:
Hace un año, los alumnos de la Escuela de Educación Especial de Pocito estrenaron un edificio nuevo. Hasta ese momento, los chicos estudiaban en aulas prestadas y distribuidos en varias instituciones, ya que no contaban con un lugar propio. Y fue en ese mismo tiempo que los directivos de la escuela y los papás de los exalumnos presentaron un expediente para que la institución tuviera un taller para jóvenes. Es que los chicos de más de 15 años quedan fuera del sistema. Vendieron rifas, hicieron bingos y otras actividades para juntar dinero y así compraron maquinaria para que los chicos aprendieran sobre panadería. Además, ya contaban con las herramientas para montar un lavadero de autos. Pero el Ministerio de Educación aún no da el visto bueno ni designa el personal para que se haga cargo de los talleres.

