En el delito de infanticidio la actitud de rechazo que siente la madre hacia el bebé está motivada por múltiples conflictos en el desarrollo de su personalidad, como el incesto, la violación o el maltrato. Seguramente experimentó dificultades durante el embarazo en los aspectos físicos y psíquicos, presiones familiares, inestabilidad en la pareja o abandono.
Algunas mujeres desarrollan una necesidad de destruir algo que sienten como una ‘parte mala’ de sí mismas, identificando dicha parte mala con el bebé, experimentándolo como un cuerpo extraño al que no pueden amar en un vínculo maternal coherente. Así, el niño es considerado como una cosa mala, como un objeto al que hay que eliminar.
La idea de infanticidio se va desarrollando de manera similar a un delirio, en una personalidad confusa y ambivalente hacia el hijo, la mayor parte de los casos acontecidos corresponde a estados psicóticos y depresivos, y a menudo a una psicosis posparto.
Este tipo de mujeres quizá deciden no recurrir al aborto y continuar con el embarazo hasta un desenlace fatídico, debido a que su personalidad se encuentra en un estado confusional, en el que no rige plenamente el criterio de realidad.
El componente psicopático aparece también en estas personalidades, lo que las lleva a matar sin tener el sentimiento de culpa que cualquier persona adaptada tiene.
