El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, advirtió ayer que el pueblo “está cansado” de la agresión, los enfrentamientos, la destrucción y la calumnia, al recordarle a los sacerdotes que los fieles quieren ser conducidos por pastores con “paciencia y mansedumbre” y no “crispados”. “Nuestro pueblo fiel está cansado de un mundo que agrede, que enfrenta a hermanos contra hermanos, que destruye y calumnia. Nuestro pueblo no quiere sacerdotes crispados”, aseveró al presidir la misa crismal en la catedral metropolitana. La frase se interpretó en ambientes eclesiásticos también como una referencia encriptada a la crisis polÍtica derivada de la pelea del gobierno con los jueces y los legisladores opositores. El primado argentino aseguró que la crispación “viene de pretender controlar el propio poder. Precisamente lo contrario del saberse conducido, propio del buen pastor”. Bergoglio insistió en que “nuestro pueblo fiel pide (a los sacerdotes y obispos) paciencia y mansedumbre”. El purpurado porteño aseveró que los cristianos “necesitan ser ungidos con la misericordia y la caridad de Padre Dios, de manera muy especial en estos tiempos de tanta pobreza material”. También hizo una elíptica referencia a los casos de abusos sexuales que sacuden a la Iglesia y salpican al papa Benedicto XVI, al sostener que la feligresa “necesita de Dios, de manera especial en estos tiempos de tanto asedio a la fe”. Bergoglio estimó además que en tiempos de “fatiga pastoral” y escasez de vocaciones, exhortó a tomar el ejemplo de “sacerdocio santo, ajeno a todo cansancio malo, a toda agresión y a toda crispación” de los apóstoles, de los santos y mártires. El arzobispo sostuvo que los sacerdotes están “llamados duros como la piedra por fuera, para edificar y sostener, para proteger al rebaño y cobijarlo, pero no duros ni crispados por dentro. Por dentro el sacerdote tiene que ser como el aceite en el frasco, como el fuego en la antorcha, como el viento en las velas, como la miga del pan”. “Somos pobres sacerdotes en el Gran Sacerdote, pequeños pastorcitos en el Gran Pastor, la gracia que pasa a través de nuestros labios y de nuestras manos es infinitamente mayor de lo que podemos imaginar y el aceite de la unción es lo que nos hace buenos conductores. Conductores conducidos”, precisó. Bergoglio renovó las promesas sacerdotales ante cientos de sacerdotes y los obispos auxiliares que colmaron la catedral metropolitana, y bendijo también los santos óleos que se utilizarán en los sacramentos. Por la tarde, el arzobispo se trasladó a la Unidad Penitenciaria N 20, del Hospital Psicoasistencial José Tiburcio Borda, Ramón Carrillo 375, del barrio porteño de Constitución, donde realizó el lavatorio de los pies a doce internos del penal. El arzobispado de Buenos Aires restringió el acceso a los medios al centro carcelario, a fin de “preservar la identidad de los reclusos”. Bergoglio viene repitiendo esta práctica, que recrea el “gesto servicial” de Jesús en la Ultima Cena, desde que asumió el gobierno pastoral de esta jurisdicción eclesiástica en febrero de 1998.
